domingo, 5 de junio de 2016

La verdadera grandeza


Capítulo 11:
La verdadera grandeza
 
Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia:
 Howard W. Hunter, (2015), 159–72

“El esforzarnos constantemente en las
cosas pequeñas de la vida diaria
lleva a la verdadera grandeza”

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De la vida de Howard W. Hunter

El presidente Howard W. Hunter enseñó que la verdadera grandeza no viene del éxito en el mundo, sino de “los miles de actos… de servicio y sacrificio que constituyen el dar o perder la vida por nuestros semejantes y por el Señor”1. El presidente Hunter vivió su vida de conformidad con esta enseñanza. En vez de procurar ser el foco de atención o de recibir el aplauso de los demás, diariamente llevó a cabo actos de servicio y sacrificio que a menudo pasaron desapercibidos.

Un ejemplo del servicio relativamente desapercibido del presidente Hunter fue el cuidado que le dio a su esposa durante más de una década mientras ella luchaba con el deterioro de su salud. A principios de la década de 1970, Claire Hunter comenzó a sufrir dolores de cabeza y pérdida de la memoria. Más tarde fue víctima de varios ataques de apoplejía leves que hicieron que se le dificultara hablar y utilizar las manos. Cuando fue necesario que se le diera atención constante, el presidente Hunter proveyó tanto de esa atención como pudo, al mismo tiempo que cumplía con sus responsabilidades como apóstol. Hizo los arreglos necesarios para que alguien se quedara con Claire durante el día, pero él la cuidaba de noche.

En 1981, una hemorragia cerebral dejó a Claire incapaz de caminar y hablar. Sin embargo, el presidente Hunter a veces la ayudaba a levantarse de la silla de ruedas y la sostenía firmemente para que pudieran bailar como lo habían hecho en años anteriores.

Después de que Claire sufrió una segunda hemorragia cerebral, los doctores insistieron en que se le internara en un centro de atención, donde permaneció durante los últimos dieciocho meses de su vida. En ese tiempo, el presidente Hunter iba a verla todos los días, excepto cuando estaba de viaje por asignaciones de la Iglesia. Cuando regresaba a casa, iba directamente del aeropuerto a estar con ella. La mayoría de las veces ella estaba profundamente dormida o no lo reconocía, pero él continuó diciéndole que la amaba y asegurándose de que estuviera cómoda.

El élder James E. Faust, del Cuórum de los Doce, más tarde dijo que la manera en que el presidente Hunter “cuidó de manera tan amorosa a su esposa Claire durante más de diez años mientras ella no estaba bien, fue la devoción más noble de un hombre hacia una mujer que muchos de nosotros hemos visto en nuestra vida”2.

Después de que el presidente Hunter murió, una biografía que se publicó en la revista Ensign citó sus enseñanzas sobre la verdadera grandeza y resumió la forma en que habían dirigido su vida:

“Aun cuando su profunda humildad le hubiera impedido hacer la comparación, el presidente Hunter cumplía con su propia definición de grandeza. Su grandeza surgió en periodos de su vida en que estuvo alejado del foco de atención a medida que tomó decisiones críticas de trabajar arduamente, de intentarlo de nuevo después de fallar y de ayudar a sus semejantes. Esos atributos se vieron reflejados en su notable capacidad para lograr el éxito en esfuerzos tan diversos como la música, el derecho, los negocios, las relaciones internacionales, la carpintería y, sobre todo, en ser un ‘buen siervo y fiel’ del Señor [Mateo 25:21 ]…

“Para el decimocuarto Presidente de la Iglesia, el desafío de cumplir los propósitos del Señor fue abordado de forma tan natural y desinteresada como lo fueron sus labores cuando era estudiante, padre joven, obispo devoto y apóstol incansable. La viña del Señor, tal como Howard W. Hunter la veía, requiere mantenimiento constante, y lo único que su Maestro le requería era que fuera un ‘buen siervo y fiel’, lo cual el presidente Hunter cumplió con verdadera grandeza, con atención constante al ejemplo del Salvador, a quien sirvió hasta el final”3.

 


Howard y Claire Hunter.
Enseñanzas de Howard W. Hunter

1

La definición que el mundo da a la grandeza a menudo es
engañosa y puede provocar comparaciones perjudiciales

Muchos Santos de los Últimos Días son felices y disfrutan de las oportunidades que la vida les ofrece; sin embargo, me preocupa que algunos de entre nosotros sean infelices. Algunos sentimos que no estamos viviendo a la altura de nuestras propias expectativas. En particular me preocupan las personas que habiendo vivido rectamente piensan que han fallado porque no han alcanzado, ya sea en el mundo o en la Iglesia, lo que otros han logrado. Todos deseamos alcanzar cierto grado de grandeza en esta vida. ¿Y por qué no? Como alguien dijo una vez, dentro de cada uno de nosotros hay un gigante que lucha con el fuerte anhelo de regresar a su hogar celestial (véanse Hebreos 11:13–16; D. y C. 45:11–14).

El darnos cuenta de quiénes somos y lo que podemos llegar a ser nos asegura que con Dios no hay nada que sea realmente imposible. Desde el momento en que [como Rayitos de Sol] aprendemos que Cristo nos manda que brillemos, hasta el momento en que aprendemos más plenamente los principios básicos del Evangelio, se nos enseña que debemos esforzarnos para lograr la perfección. Entonces no es nuevo para nosotros que se hable de la importancia de los logros. El problema surge cuando dejamos que las expectativas poco realistas del mundo alteren la definición de la grandeza.

¿Cuál es la verdadera grandeza? ¿Qué es lo que hace grande a una persona?

Vivimos en un mundo que parece adorar su propio tipo de grandeza y producir su propia especie de héroes. Un estudio reciente hecho entre personas jóvenes de dieciocho a veinticuatro años de edad reveló que los jóvenes de la actualidad prefieren a las personas que son “fuertes, independientes y que vencen a pesar de toda dificultad”; también reveló que los jóvenes claramente procuran modelar su vida a imagen de las personas sofisticadas e “infinitamente ricas”. Durante la década de 1950, entre los héroes se encontraban Winston Churchill, Albert Schweitzer, el presidente Harry Truman, la reina Elizabeth y Helen Keller, la autora y conferenciante ciega y sorda. Estos eran personajes que ayudaron a moldear la historia o que fueron de renombre porque su vida fue inspiradora. En la actualidad, muchos de los diez héroes más comunes son estrellas de cine y otros artistas, lo que sugiere que ha habido una especie de cambio en nuestras actitudes (véase U.S. News & World Report, 22 de abril de 1985, págs. 44–48).

Es verdad que los héroes del mundo no permanecen en la mente del público por mucho tiempo; sin embargo, nunca hay escasez de campeones y grandes triunfadores. Casi a diario, escuchamos de atletas que batieron algún récord; de científicos que inventaron maravillosos aparatos, máquinas y procesos; y de doctores que salvaron vidas al emplear nuevos métodos. Constantemente nos vemos expuestos a músicos y animadores excepcionalmente dotados, así como a artistas, arquitectos y constructores de talento poco común. Las revistas, las carteleras y los comerciales de televisión nos bombardean con fotografías de personas que tienen dientes y facciones perfectos, vestidas con ropa a la moda y haciendo todo lo que, según parece, hacen las personas que han alcanzado “el éxito”.

Debido a que nos vemos expuestos constantemente a la definición que el mundo da a la grandeza, es comprensible que hagamos comparaciones entre lo que nosotros somos y lo que otros son, o aparentan ser, y también entre lo que ellos tienen y lo que nosotros tenemos. Si bien es cierto que hacer comparaciones puede ser beneficioso y nos puede motivar a lograr muchas cosas buenas y a mejorar nuestra vida, a menudo permitimos que las comparaciones injustas e inapropiadas destruyan nuestra felicidad cuando hacen que nos sintamos frustrados, deficientes o fracasados. En ocasiones, a causa de esos sentimientos, nos dejamos llevar al error y nos centramos en nuestros fracasos, al mismo tiempo que ignoramos aspectos de nuestra vida que pudieran contener elementos de verdadera grandeza4.

 

“La verdadera grandeza [procede de] los miles de actos
 y tareas de servicio y sacrificio que constituyen el dar o
perder la vida por nuestros semejantes y por el Señor”.

2

El esforzarnos constantemente en las cosas pequeñas de la vida diaria lleva a la verdadera grandeza

En 1905, el presidente Joseph F. Smith hizo esta profunda declaración acerca de lo que es la verdadera grandeza:

“Es posible que aquello que llamamos extraordinario, notable o inusual haga historia, pero no hace la vida real.

“Después de todo, el hacer bien aquello que Dios ha ordenado que sea la suerte común de todo el género humano constituye la grandeza más auténtica. Es mucho más grandioso ser un padre o una madre de éxito que ser un afamado general u hombre de estado” (Juvenile Instructor, 15 de diciembre de 1905, pág. 752).

Esa declaración nos lleva a una pregunta: ¿Cuáles son las cosas que Dios ha ordenado como “la suerte común de todo el género humano”? Seguramente entre ellas se incluyen las cosas que se deben hacer a fin de ser un buen padre o una buena madre, un buen hijo o una buena hija, un buen estudiante, un buen compañero de habitación o un buen vecino.

…El esforzarnos constantemente en las cosas pequeñas de la vida diaria lleva a la verdadera grandeza. Específicamente, son los miles de actos y tareas de servicio y sacrificio que constituyen el dar o perder la vida por nuestros semejantes y por el Señor. Implica obtener un conocimiento de nuestro Padre Celestial y del Evangelio, y llevar a otras personas a la fe y la hermandad de Su reino. Estas cosas por lo general no reciben la atención ni la adulación del mundo5.
 

3

El profeta José se preocupaba por las cosas pequeñas, por
las tareas diarias de dar servicio a los demás y velar por ellos

A José Smith por lo general no se le recuerda como un general, alcalde, arquitecto, editor o candidato presidencial; más bien se le recuerda como el Profeta de la Restauración, como un hombre dedicado a amar a Dios y a promover Su obra. El profeta José era un cristiano del diario vivir. Se preocupaba por las cosas pequeñas, por las tareas diarias de dar servicio a los demás y velar por ellos. A los trece años de edad, Lyman O. Littlefield lo acompañó al campo de Sion, que se dirigía a Misuri. Más tarde contó el siguiente incidente de un pequeño, pero también significativo, acto de servicio de la vida del Profeta:

“El viaje era para todos extremadamente dificultoso, y el sufrimiento físico, sumado a la preocupación de saber las persecuciones que padecían los hermanos a los que íbamos a socorrer, hizo que un día me atacara una gran melancolía. Mientras el grupo se preparaba para partir, yo estaba sentado, cansado y meditabundo, a la orilla del camino. Aun cuando el Profeta era la persona más ocupada del campamento, cuando me vio, dejó por un momento de lado la urgencia de sus obligaciones para decirle unas palabras de consuelo a un niño. Me puso la mano sobre la cabeza y me dijo: ‘¿No hay un lugar para ti, hijo? Si es así, tenemos que encontrar uno’. Este hecho dejó una impresión tan vívida en mi mente que ni el tiempo ni las preocupaciones de los años posteriores han podido borrar” (en George Q. Cannon, Life of Joseph Smith the Prophet, Salt Lake City: Deseret Book Co., 1986, pág. 344).

En otra ocasión, cuando el gobernador Carlin de Illinois envió al comisario Thomas King, del Condado de Adams, junto con una cuadrilla de varias personas a arrestar al Profeta y llevarlo a los emisarios del gobernador Boggs de Misuri, el comisario King enfermó gravemente. El Profeta entonces llevó al comisario a su casa en Nauvoo y durante cuatro días lo cuidó como a un hermano (ibídem, pág. 372). El Profeta constantemente realizaba actos de servicio pequeños, bondadosos, pero a la vez significativos.

El élder George Q. Cannon escribió lo siguiente acerca de
 la tienda que [el profeta José Smith] abrió en Nauvoo:

“El Profeta mismo no vacilaba en llevar a cabo ocupaciones mercantiles e industriales; el Evangelio que él predicaba tenía que ver con la salvación temporal y también con la exaltación espiritual; y estaba dispuesto a hacer su parte del trabajo práctico, lo cual hacía sin pensar en obtener ganancia personal” (ibídem, pág. 385).

Y en una carta, el Profeta escribió lo siguiente:

“Con la [tienda de ladrillos rojos de Nauvoo] llena de gente, he estado todo el día detrás del mostrador distribuyendo mercaderías constantemente como cualquier empleado que hayas visto, para complacer a todos aquellos que se hubieran visto obligados a celebrar la Navidad y el Año Nuevo sin su acostumbrada cena por falta de un poco de azúcar, melaza, pasas, etc.; y a la vez para satisfacción propia, porque me encanta atender a los santos y ser un siervo para todos, con la esperanza de lograr la exaltación en el debido tiempo del Señor” (ibídem, pág. 386).

En cuanto a esa escena, George Q. Cannon comentó:

“¡Qué imagen se nos presenta aquí! Un hombre escogido por el Señor para poner los cimientos de Su Iglesia y para ser Su profeta y presidente se alegra y enorgullece por atender a sus hermanos y hermanas como un sirviente… José nunca vio el día en el que no sentía que estaba sirviendo a Dios y hallando gracia a la vista de Jesucristo al mostrar bondad y atención ‘al más pequeño de éstos’” (ibídem, pág. 386)6.

 

“El profeta José era un cristiano del diario vivir. Se preocupaba por las cosas
pequeñas, por las tareas diarias de dar servicio a los demás y velar por ellos”.

4

La verdadera grandeza proviene de perseverar en las dificultades de la
vida y de prestar servicio en formas que a menudo pasan desapercibidas

El lograr el éxito como secretario de cuórum de élderes, maestra de la Sociedad de Socorro, buen vecino o un amigo que escucha es lo que mayormente constituye la verdadera grandeza. El dar lo mejor de nosotros mismos ante las luchas comunes de la vida —y posiblemente ante el fracaso— y el seguir aguantando y perseverando en las dificultades continuas de la vida cuando esas luchas y tareas contribuyen al progreso y la felicidad de las demás personas y a nuestra propia salvación eterna, ésa es la verdadera grandeza.

Todos deseamos alcanzar cierto grado de grandeza en esta vida. Muchos ya han logrado grandes cosas, mientras que otros se están esforzando por lograr la grandeza. Permítanme animarlos a lograr el éxito y, al mismo tiempo, a recordar quiénes son. No dejen que el espejismo de la grandeza fugaz del mundo los venza. Muchas personas están perdiendo su alma ante ese tipo de tentaciones. No vale la pena vender su buen nombre, por ningún precio. La verdadera grandeza es ser fiel: “Fieles a la fe que nuestros padres atesoraron; fieles a la verdad por la que mártires perecieron” (Hymns, 1985, Nº 254).

Estoy seguro de que hay muchos grandes héroes entre nosotros que pasan desapercibidos y que son olvidados. Estoy hablando de aquellos entre ustedes que callada y constantemente hacen lo que deben hacer; de los que siempre están disponibles y dispuestos. Me refiero al valor poco común de la madre que, hora tras hora, día y noche, permanece con un hijo enfermo y lo cuida mientras su esposo está trabajando o estudiando. Entre ellos incluyo a los que voluntariamente donan sangre o trabajan con los ancianos; pienso en aquellos de entre ustedes que fielmente cumplen con sus responsabilidades del sacerdocio y de la Iglesia, y en los estudiantes que escriben a casa regularmente para dar gracias a sus padres por su amor y apoyo.

También estoy hablando de los que infunden en los demás fe y el deseo de vivir el Evangelio; aquellos que trabajan en forma activa para edificar y moldear la vida de otras personas física, social y espiritualmente. Me refiero a los que son honrados, bondadosos y trabajadores durante sus labores diarias, pero que también son siervos del Maestro y pastores de Sus ovejas.

Ahora bien, no quiero con esto pasar por alto los grandes logros del mundo que nos han brindado tantas oportunidades y que proporcionan cultura, orden y entusiasmo a nuestra vida. Solamente sugiero que tratemos de concentrarnos más claramente en las cosas de la vida que tienen más valor. Recordarán que fue el Salvador quien dijo: “El que es el mayor entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 23:11)7.

5

La verdadera grandeza requiere pasos constantes, pequeños
 y a veces comunes por un largo periodo de tiempo

Todos hemos visto a personas llegar a ser ricas o lograr el éxito casi de manera instantánea, casi de la noche a la mañana; pero me parece que aun cuando algunos obtengan ese tipo de éxito sin una lucha prolongada, no existe tal cosa como la grandeza al instante. El logro de la verdadera grandeza es un proceso a largo plazo que de vez en cuando pudiera incluir reveses. El resultado final no siempre estará claramente visible, pero parece que siempre requiere pasos regulares, constantes, pequeños, y a veces comunes y rutinarios por un largo periodo de tiempo. Debemos recordar que fue el Salvador quien dijo: “…de las cosas pequeñas proceden las grandes” (D. y C. 64:33).

La verdadera grandeza nunca es el resultado de una casualidad ni de un logro o esfuerzo únicos. La grandeza requiere el desarrollo del carácter. Se requiere una gran cantidad de decisiones correctas en las elecciones cotidianas entre el bien y el mal, a las que el élder Boyd K. Packer se refirió cuando dijo: “A lo largo de los años, estas pequeñas decisiones formarán una unidad y darán muestras claras de cuáles son las cosas que valoramos” (véase Liahona, febrero de 1981, pág. 39). Esas decisiones también mostrarán claramente lo que somos8.

6

Las tareas comunes con frecuencia tienen el
 efecto positivo más grande en las demás personas

A medida que evaluemos nuestra vida, es importante que tomemos en cuenta no sólo nuestros logros, sino también las condiciones bajo las cuales hemos obrado. Todos somos diferentes y únicos; todos hemos empezado en distintos puntos en la carrera de la vida; todos tenemos una combinación única de talentos y habilidades; y todos tenemos nuestro propio conjunto de desafíos y limitaciones con que luchar. Por lo tanto, el juicio que formulemos de nosotros mismos y de nuestros logros no debe incluir solamente el tamaño o magnitud y la cantidad de nuestros logros; también debe incluir las condiciones que han existido y el efecto que nuestros esfuerzos tuvieron en los demás.

Es este último aspecto de nuestra autoevaluación —el efecto de nuestra vida en la vida de los demás— que nos ayudará a entender por qué algunas de las labores comunes y corrientes de la vida se valoran tanto. A menudo son las tareas comunes que llevamos a cabo las que tienen el efecto positivo más grande en la vida de los demás, si las comparamos con aquellas que el mundo comúnmente relaciona con la grandeza9.

7

El hacer aquello que Dios ha determinado que
 es importante llevará a la verdadera grandeza

Me parece que la clase de grandeza que nuestro Padre Celestial quiere que busquemos está al alcance de todos los que están dentro de la red del Evangelio. Tenemos un número ilimitado de oportunidades para llevar a cabo las muchas cosas sencillas y pequeñas que finalmente nos harán grandes. A quienes han dedicado su vida al servicio y al sacrificio por su familia, por los demás y por el Señor, el mejor consejo es simplemente que continúen haciendo más de lo mismo.

A aquellos que promueven la obra del Señor en tantas maneras calladas pero significativas, a los que son la sal de la tierra y la fortaleza del mundo y el pilar de toda nación, a ustedes simplemente queremos expresarles nuestra admiración. Si perseveran hasta el fin y si son valientes en el testimonio de Jesús, alcanzarán la verdadera grandeza y algún día vivirán en la presencia de nuestro Padre Celestial.

Tal como el presidente Joseph F. Smith ha dicho: “No intentemos substituir una vida real con una artificial” (Juvenile Instructor, 15 de diciembre de 1905, pág. 753). Recordemos que hacer aquello que Dios ha determinado que es importante y necesario, aunque el mundo lo considere insignificante y de poca importancia, llevará finalmente a la verdadera grandeza.

Debemos esforzarnos por recordar las palabras del apóstol Pablo, especialmente si estamos infelices con nuestra vida y sentimos que no hemos logrado alguna forma de grandeza. Él escribió:

“Porque esta momentánea y leve tribulación nuestra nos produce un cada vez más y eterno peso de gloria;

“no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:17–18).

Las cosas pequeñas son importantes. No recordamos la cantidad que ofreció el fariseo, pero sí la ofrenda de la viuda; no el poder y la fuerza del ejército filisteo, sino el valor y la convicción de David.

Ruego que nunca perdamos el ánimo de hacer aquellas tareas diarias que Dios ha establecido que sean “la suerte común del hombre”10.
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miércoles, 27 de abril de 2016

¿Dónde están mis amigos los chilenos?

¿Dónde están mis
amigos los chilenos?
Jesucristo_en_balsa_REB

Por: Gerardo Rehuel Sánchez

Miembro de la Iglesia de Jesucristo
de los Santos de los Últimos Días
(Ver video al final)


Por: Gerardo Rehuel Sánchez
Para: www.perumagiayencanto.com
y para: http://hermanomormon.blogspot.com/

Abril 27 del 2016
Miami, Florida.



Biblia: Efesios 2:19-20:

19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos
con los santos, y miembros de la familia de Dios;

20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo
la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo

Hace aproximadamente nueve años llegué a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el barrio de North Miami Beach, Florida, Estados Unidos, la Iglesia estaba llena de miembros hispanos de varias nacionalidades, los que más abundaban eran las familias chilenas, confieso me que me sentí algo incómodo con tantos chilenos a mi alrededor, con el problema que existe entre peruanos y chilenos y el odio que muchos se manifiestan los unos a los otros, pensé que yo podría ser rechazado por alguno de ellos, pero que equivocado estaba yo, al poco tiempo me pude dar cuenta que allí, ninguno es peruano, ni chileno, nadie era extranjero, todos teníamos la misma nacionalidad, “El Cielo” co- habitantes con nuestro Salvador Jesucristo era nuestra tierra, allí encontré amor, paz, progreso, encontré una verdadera familia amorosa, familia de la que ahora yo era miembro y no soy chileno, ni peruano, soy cristiano

Recuerdo a la familia Fernando y Mónica Sánchez, la familia del Obispo Carlos Moya y su esposa, Jaime Ramírez Jr. Y familia, Jaime Ramírez Sr. Y esposa, Hermano Víctor Palaviccino y familia y otras familias más, todas chilenas y juntas eran más de 20 personas, eso sin contar los niños.

Fueron mis grandes amigos y maestros espirituales, me enseñaron verdades que yo desconocía, aquí no existe el odio ni el rencor, nadie se insulta, nadie es mayor ni superior que el otro, todos somos iguales, no importa el país de donde vengamos, todos nos amamos y nos ayudamos por igual.

Pero, lamentablemente la comunidad chilena fue disminuyendo poco a poco, algunos fallecieron, otros se mudaron para otra ciudad, algunos regresaron a su país de origen….Por eso, aunque ya no somos extranjeros, con cariño y respeto los recuerdo y me digo a mi mismo, ¿Dónde están mis amigos los chilenos?.
 
Me queda la satisfacción de que a todos mis amigos y familiares los volveré a ver, algún día en las Manciones Celestiale, al lado de nuestro Salvador Jesús.

A continuación publicamos parte del mensaje que dio el Obispo Gerald Caussé, Primer Consejero del Obispado Presidente:


Ya no sois extranjeros

 Ya_no_sois_extranjeros_REB

Por el obispo Gérald Caussé

Primer Consejero del Obispado Presidente

"En esta Iglesia no existen extranjeros ni marginados,
sólo hay hermanos y hermanas".


En alguna que otra ocasión, la mayoría de nosotros se ha encontrado en una situación nueva en la que se sentía extraño e inseguro. Algo así le sucedió a nuestra familia hace unos cinco años, después de que el presidente Thomas S. Monson me extendiera el llamamiento para servir como Autoridad General de la Iglesia. Ese llamamiento nos obligó a irnos del hermoso lugar del que tanto habíamos disfrutado durante dos décadas. Mi esposa y yo aún recordamos la reacción inmediata de nuestros hijos cuando se enteraron del cambio. Nuestro hijo de 16 años exclamó: “No hay ningún problema; ¡ustedes vayan, yo me quedo!”.

No tardó en decidir acompañarnos y aceptó fielmente esta nueva oportunidad que se presentaba en su vida. Vivir en lugares nuevos durante los últimos años se ha convertido en una experiencia placentera y de aprendizaje para nuestra familia, en especial gracias a la cálida acogida y la bondad de los Santos de los Últimos Días. Al haber vivido en diversos países, hemos llegado a apreciar que la unidad del pueblo de Dios en toda la tierra es algo real y tangible.

Mi llamamiento me ha llevado a viajar por muchos países y me ha concedido el gran privilegio de presidir muchas reuniones. Al observar las diversas congregaciones, a menudo veo a miembros que representan a distintos países, lenguas y culturas. Un aspecto maravilloso de nuestra dispensación del Evangelio es que no se limita a un área geográfica, ni a un grupo de naciones; es mundial y universal, y nos prepara para el retorno glorioso del Hijo de Dios al congregar “a sus hijos de las cuatro partes de la tierra”1.

Aunque el número de miembros de la Iglesia aumenta en su diversidad, nuestra herencia sagrada trasciende nuestras diferencias. Por ser miembros de la Iglesia se nos admite en la casa de Israel; nos convertimos en hermanos y hermanas, herederos igualitarios del mismo linaje espiritual. Dios prometió a Abraham que “cuantos reciban este evangelio serán llamados por [su] nombre; y serán considerados [su] descendencia, y se levantarán y [lo] bendecirán como padre de ellos”2.

Todo el que llega a ser miembro de la Iglesia recibe una promesa: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos con los santos, y miembros de la familia de Dios”3.

La palabra extranjero procede de la palabra latina extraneus, que significa “exterior” o “de afuera”. Por lo general, designa a alguien que es “forastero” por varias razones, ya sea por su origen, su cultura, sus opiniones o su religión. Como discípulos de Jesucristo que se esfuerzan por estar en el mundo pero no ser del mundo, a veces nos sentimos como forasteros. Nosotros, mejor que muchos otros, sabemos que ciertas puertas pueden llegar a cerrarse para aquellos a los que se considera diferentes.

A lo largo de la historia, el pueblo de Dios ha recibido el mandamiento de cuidar de los extranjeros o de aquellos vistos como diferentes. En la antigüedad, existía la misma obligación de hospitalidad para un extranjero como para una viuda o un huérfano. Al igual que ellos, el extranjero se hallaba en una situación de gran vulnerabilidad, y su supervivencia dependía de la protección que recibiera de la población local. El pueblo de Israel recibió instrucciones precisas a este respecto: “Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que peregrine entre vosotros; y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto”4.

Durante Su ministerio terrenal, Jesús fue un ejemplo de alguien que fue más allá de la simple obligación de hospitalidad y tolerancia. Los excluidos sociales, los que eran rechazados y considerados impuros por los que se creían superiores, recibieron Su compasión y respeto; recibieron una parte igual de Sus enseñanzas y Su ministerio.

Por ejemplo, el Salvador rompió con las costumbres de Su época al dirigirse a una mujer samaritana y pedirle un poco de agua; se sentó a comer con publicanos y recaudadores de impuestos; no vaciló en acercarse al leproso, tocarlo y sanarlo. Admirado por la fe del centurión romano, dijo a la multitud: “De cierto os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe”5.

Jesús nos ha pedido que observemos la ley del amor perfecto, el cual es un don universal e incondicional, y dijo:

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

“Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

“Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”6.

En esta Iglesia no hay extranjeros ni marginados, sólo hay hermanos y hermanas. El conocimiento que tenemos de un Padre Eterno nos ayuda a ser más sensibles a la hermandad que debiera existir entre todos los hombres y mujeres de la tierra.

 

Testifico que nadie es extranjero para nuestro Padre Celestial. No hay nadie cuya alma no sea valiosa para Él. Junto con Pedro, testifico que “Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace lo justo”9.

Ruego que cuando el Señor reúna a Sus ovejas en el último día, pueda decirnos a cada uno de nosotros: “Fui forastero, y me recogisteis”.

Entonces nosotros le preguntaremos: “¿Cuándo te vimos forastero y te recogimos?”.

Y Él nos responderá: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”10.

En el nombre de Jesucristo. Amén.

VIDEO:

YA NO SOIS EXTRANJEROS - MENSAJES SUD
 
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sábado, 23 de abril de 2016

Millonario deja todo para servir al Señor


Millonario deja todo
para servir al Señor
 
Elder Peter Meurs


Posted by Isaac Angulo | Abr 22, 2016

Durante la Conferencia General de abril de 2016 el Elder Peter Meurs, de 59 años, de Australia fue llamado a ser Setenta Autoridad General de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Al aceptar este llamamiento, el Elder Meurs renunció a su posición lucrativa como director ejecutivo de Fortescue Metals Group, una compañía minera australiana. Este sacrificio ha desconcertado a sus compatriotas y los diarios más prominentes de Australia han cubierto la noticia con sorpresa.

El Elder Meurs ha tenido mucha experiencia en el servicio a la Iglesia, después de haber sido un presidente de rama, obispo, Presidente de estaca y Setenta de Área, a la par fue capaz de llenar estas distintas posiciones mientras seguía su carrera profesional.

De acuerdo con Deseret News,

Elder Meurs es un ingeniero mecánico que desarrolló los campos de petróleo y gas y luego se convirtió en socio fundador de Worley Parsons Limited, una compañía internacional de servicios de ingeniería y gestión de proyectos.
Hace seis años, dejó Worley Parsons para unirse a Fortescue Metals como CEO de la compañía. Otro ejecutivo finalmente ganó ese trabajo, pero Elder Meurs quedó en Fortescue y dirigió un proyecto de expansión de 9 mil millones de dolares.
El sirvió en la exploración y desarrollo de negocios al momento de ser llamado. Su renuncia fue efectiva el lunes.
Elder Meurs sigue siendo un importante accionista de la empresa. Inicialmente servirá a través de los muchos departamentos de la Iglesia antes de ser asignado a uno.
El Elder Meurs ha sido conocido en el mundo de los negocios por sus ideas innovadoras y su esfuerzo para construir un ambiente familiar abierto en el lugar de trabajo. Fortescue es bien conocido por patrocinar iniciativas que promueven la conversación civil y la resolución de problemas. En 2014 la compañía ayudó a reunir a los líderes religiosos internacionales como el Papa Francisco para firmar una declaración conjunta en 2014 contra el tráfico de personas, la prostitución y la esclavitud moderna.
Meurs es algo más que un ejecutivo de Fortescue; él es el 12º mayor accionista de la minera de hierro con más de $ 30 millones en acciones.

El Elder Meurs declaró a The Sidney Morning Herald uno de los diarios más importantes de dicho país:
“No es el salario lo que está haciendo que me vaya de Fortescue,”  “Lo veo como una oportunidad de dar de mi después de recibir muchas bendiciones y tener tantas buenas oportunidades.” Elder Peter Meurs.
Este es un ejemplo de que el Señor siempre debe ser la prioridad más importante en nuestras vidas y ni todo el reconocimiento o dinero del mundo valen la pena cuando recibimos el llamado de servir al Señor.

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miércoles, 20 de abril de 2016

MISIONERO MUERE EN TAIWÁN DESPUÉS
QUE VEHÍCULO 
CHOCARA SU BICICLETA

 


Mormonsud.org
Posted by Isaac Angulo | Abr 12, 2016 | Misioneros, Noticias

FOTO 1

Un joven misionero mormón de 18 años de edad,  falleció el martes en Taiwán después de que un automóvil golpeara fuertemente su bicicleta. Él siempre terminaba de escribir todas las cartas a su casa con la frase  – “No se trata de ti.”

Los padres del Elder David Smith Hampton han escogido vivir por ese dicho mientras lloran la pérdida de su hijo, dijeron en un comunicado.

“Como se puede imaginar, todavía estamos procesando la noticia”, dijo Steve y Cyndi Hampton, de North Ogden, Utah. “Sin embargo, estamos agradecidos que nuestro hijo haya estado sirviendo al Señor como misionero. En cada una de sus cartas, expresaba su placer de estar en una misión. Era un trabajo duro, pero era una bendición para él y para nosotros. Y sabemos que seguirá siendo una bendición para nosotros “.

 

Elder David Hampton, derecha, murió a causa de las lesiones que recibió cuando fue golpeado por un coche mientras conducía su bicicleta en la Misión Taiwán Taichung el martes, 12 de abril (blog Misión Taiwán Taichung)

Hampton estaba sirviendo en la Misión Taiwán Taichung de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Fue trasladado a un hospital después del accidente el martes, pero murió debido a un traumatismo craneal y otras lesiones, dijo el portavoz de la familia, el obispo Pedro Wollschlaeger, a KSL radio.

“Nuestros corazones están tristes al anunciar la noticia de la muerte de uno de nuestros jóvenes misioneros,” dijo el portavoz de la iglesia Eric Hawkins. “Nuestras oraciones están con su familia y seres queridos al unirnos con ellos en duelo por su muerte.”

Hampton entró al Centro de Capacitación Misional de la Iglesia en Provo, Utah, en diciembre para aprender mandarín. Había estado en Taiwan durante unos dos meses.

Los Hamptons se enteraron de la muerte de su hijo en la mañana del martes.

“Terminaba cada carta con la frase que estaba viviendo por – ‘No se trata de ti’ – y de hecho no lo es,” dijeron. “Nuestra fe es fuerte, sabemos que ha sido llevado al hogar de aquel Dios que le dio la vida.”

Los Hamptons tienen una hija serviendo una misión para la iglesia SUD en Tahití. Han hablado con ella y dijeron que ella, tambien, expresó su fe. No se ha tomado una decisión si va a regresar a casa para el funeral. No se han hecho planes para el funeral aún.

“La familia esta afrontando esto increíblemente bien”, dijo Wollschleger. “Sé que es un momento difícil para ellos, pero son una familia muy fuerte, muy fuerte en la fe, en la comunidad mormona.”
Wollschleger dijo que Hampton era un Eagle Scout que le gustaba correr y montar bicicleta y que también participó en numerosas obras de teatro en la escuela antes de su misión.
 
 

Elder David Hampton, segunda fila, centro, murió a causa de las lesiones que recibió cuando fue golpeado por un coche mientras conducía su bicicleta en la Misión Taiwán Taichung el martes, 12 de abril (Misión Taiwán Taichung blog)

“Es un shock para mí, así como el resto de la comunidad”, dijo.

Los Hamptons están recibiendo el apoyo de amigos y familiares.

“Estamos agradecidos por nuestra familia que está con nosotros en estos momentos y apreciamos y nos sentimos fortalecidos por su amor y oraciones y el amor y oraciones expresadas por otros tantos”, dijeron en su comunicado.

Los líderes de La Iglesia de Jesucristo han declarado que los misioneros mormones en general, están más seguros que otros de su edad, citando estadísticas de la Organización Mundial de la Salud que muestran  aproximadamente 205 muertes por cada 100.000 jóvenes. La tasa entre los misioneros es 1/20 de esa cifra.

Fuente: Deseret News

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martes, 22 de marzo de 2016

Atentados en Bruselas Misioneros mormones heridos

Atentados en Bruselas
Misioneros mormones heridos
tras atentados en Bélgica

Misionero_elder_2_CENTRO misionero_eldere_1_CENTRO
Elder Joseph Empey (20) of Santa Clara, Utah.
Elder Mason Wells (19) of Sandy, Utah. 

Mormon Missionaries Injured
in Belgium Explosion
Relato en Español and english
Misioneros mormones heridos
tras atentados en Bélgica

Atentados en Bruselas

Posted by Isaac Angulo

ACTUALIZACIÓN (22 de marzo de 2016 12:00 MDT)
La Iglesia ha reportado que la misionera, la hermana Fanny Rachel Klein, también ha sido hospitalizada con heridas leves. Como se informó anteriormente, ella estaba con los otros tres misioneros que resultaron heridos, pero los había dejado y había pasado por la seguridad del aeropuerto cuando ocurrió la explosión. La Iglesia proporcionará más información cuando sea posible.
(22 de de marzo de, 2016 a 08 a.m. MDT) Tres misioneros que sirven en la misión París, Francia resultaron gravemente heridos tras la explosión del martes en el aeropuerto de Bruselas, ha informado La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días esta mañana.
Los tres misioneros habían estado acompañando a una misionera que estaba en camino a su misión en Ohio, y que ya había pasado el control de seguridad.
Si bien la información detallada, exacta es difícil de obtener debido a las comunicaciones limitadas en Bruselas, el Presidente de misión Frederic J. Babin ha informado que tres de los misioneros se encontraban cerca de la explosión cuando esta se produjo y han sido hospitalizados.

Misionera_1 Misionero_elder_2 misionero_eldere_1
Los misioneros heridos, cuyas familias han sido notificadas, son:
Elder Richard Norby (66) de Lehi, Utah
Elder Joseph Empey (20) de Santa Clara, Utah
Elder Mason Wells (19) de Sandy, Utah
Los misioneros estaban llevando a la hermana Fanny Rachel Clain (20) de Montelimar, Francia, al aeropuerto. La hermana Clain había estado sirviendo en su misión a la espera de una visa permanente a los Estados Unidos.
La Primera Presidencia de la Iglesia ha Publicado prontamente una declaración esta mañana en respuesta a los atentados:
Como muchos en el mundo, hemos despertamos esta mañana con la desgarradora noticia de los atentados en Bélgica. Nuestras oraciones están con las familias de los fallecidos y heridos, entre ellos tres de nuestros misioneros han resultado heridos y han sido hospitalizados. Nosotros también oramos por la gente de Bélgica y Francia, mientras hacen frente a la incertidumbre y la devastación causados por los recientes ataques terroristas.
Mormon Newsroom ha pedido a los medios que debido a la dificultad en las comunicaciones en Bruselas, no llamen a la oficina de la misión y así ocupen líneas telefónicas. Información y actualizaciones se publicarán en mormonnewsroom.org cuando estén disponibles.

Fuente: mormonnewsroom.org
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Mormon Missionaries Injured
in Belgium Explosion
 misioneros_esposos
UPDATE (March 22, 2016, at 12:00 p.m. MDT)
The Church has learned that the fourth missionary, Sister Fanny Rachel Clain, has also been hospitalized with minor injuries. As reported previously, she was with the three other missionaries who were injured, but had left them and passed through airport security when the explosion occurred. The Church will provide more information as we are able.
(March 22, 2016, at 8:00 a.m. MDT)
Three Mormon missionaries serving in the Paris, France mission were seriously injured in Tuesday's explosion at the Brussels airport, The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints reported this morning.
The three had been accompanying a fourth missionary who was on her way to a mission assignment in Ohio, and who had already passed through airport security.
FOTO MAPA

While detailed, accurate information is difficult to obtain because of limited communications in Brussels, mission president Frederic J. Babin has reported that three of the missionaries were in the proximity of the explosion when it occurred and have been hospitalized.
misioneros_esposos Misionera_1

Misionero_elder_2 misionero_eldere_1
The injured missionaries, whose families have been notified, are:
Elder Richard Norby (66) of Lehi, Utah.
Elder Joseph Empey (20) of Santa Clara, Utah.
Elder Mason Wells (19) of Sandy, Utah.

The missionaries were taking Sister Fanny Rachel Clain (20)
of Montélimar, France, to the airport.

Sister Clain had been serving in that mission while
awaiting a permanent visa for the United States.

All missionaries in the France Paris Mission have been asked to remain in their apartments.
The First Presidency of the Church promptly issued a statement this morning in response to the bombings:
With much of the world, we awoke this morning to the heartbreaking news of the bombings in Belgium. Our prayers are with the families of the deceased and injured, including four of our missionaries who were injured and hospitalized. We also pray for the people of Belgium and France as they continue to deal with the uncertainty and devastation caused by the recent terrorist attacks.
Notice to media: Because of difficulty in communications in Brussels, media are asked not to call the mission office and occupy phone lines. Information and updates will be posted on Mormon Newsroom as they become available.

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domingo, 20 de marzo de 2016

“La Familia: Una Proclamación para el Mundo” Guía para la familia, 2001


“La Familia: 
Una Proclamación para el Mundo”
Guía para la familia, 2001



En 1995, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles sacaron a la luz “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”. Esta proclamación es una declaración y una reafirmación de las doctrinas y prácticas que los profetas han reiterado a lo largo de la historia de la Iglesia. Contiene principios que son de vital importancia para la felicidad y el bienestar de toda familia. Los miembros de la familia deben estudiar la proclamación y vivir en conformidad con sus preceptos.
“Nosotros, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos.



“Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna.
“En la vida premortal, los hijos y las hijas espirituales de Dios lo conocieron y lo adoraron como su Padre Eterno, y aceptaron Su plan por el cual obtendrían un cuerpo físico y ganarían experiencias terrenales para progresar hacia la perfección y finalmente cumplir su destino divino como herederos de la vida eterna. El plan divino de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos permiten que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente.
“El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva tenía que ver con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento que Dios dio a Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece inalterable. También declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación se deben utilizar sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados, como esposo y esposa.
“Declaramos que la forma por medio de la cual se crea la vida mortal fue establecida por decreto divino. Afirmamos la santidad de la vida y su importancia en el plan eterno de Dios. “El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. ‘He aquí, herencia de Jehová son los hijos’ (Salmos 127:3). Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan. Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones.




“La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos tienen el derecho de nacer dentro de los lazos del matrimonio, y de ser criados por un padre y una madre que honran sus promesas matrimoniales con fidelidad completa. Hay más posibilidades de lograr la felicidad en la vida familiar cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo. Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. 

Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario.
“Advertimos a las personas que violan los convenios de castidad, que abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, que un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre el individuo, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos.
“Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los representantes de los gobiernos de todo el mundo a fin de que ayuden a promover medidas destinadas a fortalecer la familia y mantenerla como base fundamental de la sociedad”. (Liahona, junio de 1996, pág. 10, u octubre de 1998, pág. 24).
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