domingo, 11 de junio de 2017

El hogar: El fundamento de una vida recta



El hogar: El fundamento
de una vida recta
 

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia:
 Gordon B. Hinckley, 2016

“Cuanto más eduquen a sus hijos en los senderos del evangelio de Jesucristo, con amor y metas elevadas, hay mayor probabilidad de que tengan paz en sus vidas”.

De la vida de Gordon B. Hinckley

A finales de 1973, Gordon y Marjorie Hinckley con renuencia (sin muchas ganas de mudarse),  decidieron mudarse de su casa de East Mill Creek, Utah [EE. UU.], a fin de poder vivir más cerca de las Oficinas Generales de la Iglesia de Salt Lake City. El presidente Hinckley, quien en ese entonces era miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, dedicó algo de tiempo en la víspera de Año Nuevo de aquel año a escribir sobre su hogar. Sus palabras revelan lo que sentía por ese lugar, pero aún más, revelan sus sentimientos de una amorosa familia.

“Qué nostálgicos y tristes nos sentimos por tener que partir”, escribió. Rememoró el esfuerzo de la familia para edificar la casa y arreglar los alrededores de la propiedad. Luego sus pensamientos se dirigieron a las relaciones; las del uno con el otro y con Dios:

“Aquí jugamos juntos mientras nuestros hijos crecían y aquí oramos juntos. Aquí, nosotros y nuestros hijos, llegamos a conocer a nuestro Padre Celestial, que Él vive y escucha y responde.

 “Quizá más adelante escriba un libro… no para el mundo, sino para aquellos cinco hijos, sus cónyuges y su posteridad. Y si lograra expresar con palabras la historia de ese hogar, habrá lágrimas y risas; y un silencioso, grande y penetrante espíritu de amor que conmoverá el corazón de los que lean, puesto que quienes vivieron y crecieron allí se amaban el uno al otro, amaban a sus vecinos, y amaban a su Dios y al Señor Jesucristo”.

Durante todo su ministerio, el presidente Hinckley testificó de la importancia de las familias amorosas y fieles. Bajo su dirección, la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles promulgaron “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, que el élder M. Russell Ballard, de los Doce, describió como “un llamado resonante para proteger y fortalecer a las familias”. Tras leer la proclamación en la Reunión General de la Sociedad de Socorro de septiembre de 1995, el presidente Hinckley declaró: “La fortaleza de toda nación radica dentro de los muros de sus hogares. Instamos a nuestros miembros, en todo lugar, a fortalecer a su familia de conformidad con estos valores consagrados por el tiempo”.

“Hacemos un llamado a los padres para que dediquen sus mejores esfuerzos a la enseñanza y crianza de sus hijos”.

Enseñanzas de Gordon B. Hinckley

Las relaciones familiares son las más sagradas de todas las relaciones.

La familia es divina. Fue instituida por nuestro Padre Celestial y abarca las más sagradas de todas las relaciones. Únicamente mediante su organización se pueden cumplir los propósitos del Señor.

Somos una iglesia que da testimonio de la importancia de la familia —del padre, de la madre, de los hijos— y del hecho de que todos somos hijos de Dios, nuestro Padre Eterno.

 Los padres que traen hijos al mundo tienen la responsabilidad de amarlos, de nutrirlos y cuidarlos, de enseñarles los valores que bendecirán su vida de modo que crezcan y lleguen a ser buenos ciudadanos… Quiero recalcar aquello con lo que ya están familiarizados, que es la importancia de unir nuestra familia con amor y bondad, con aprecio y respeto, y con la enseñanza de las vías del Señor a fin de que sus hijos crezcan en rectitud y eviten las tragedias que afectan a tantas familias en todo el mundo.

Es fundamental que no desatiendan a su familia. Nada de lo que tienen es más valioso.

Los padres y las madres tienen el privilegio de cuidar de sus hijos y enseñarles el evangelio de Jesucristo.

Hacemos un llamado a los padres para que dediquen sus mejores esfuerzos a la enseñanza y crianza de sus hijos con respecto a los principios del Evangelio, lo que los mantendrá cerca de la Iglesia. El hogar es el fundamento de una vida recta y ningún otro medio puede ocupar su lugar ni cumplir sus funciones esenciales en el cumplimiento de las responsabilidades que Dios les ha dado.

 Estoy convencido de que no hay nada que proporcione mayor éxito en la arriesgada tarea de ser padres que un programa de vida familiar que provenga de la maravillosa enseñanza del Evangelio: que el padre de familia esté investido con el sacerdocio de Dios; que tiene el privilegio y la obligación como mayordomo de los hijos de nuestro Padre Celestial de proveer para sus necesidades; que ha de gobernar su casa con el espíritu del sacerdocio “por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero” (D. y C. 121:41); que la madre en el hogar es una hija de Dios, un alma de inteligencia, devoción y amor que puede ser investida con el Espíritu de Dios; que tiene el privilegio y la obligación, como una mayordomía, de cuidar y velar por los hijos de nuestro Padre Celestial, así como de sus necesidades cotidianas; que ella, junto con su esposo, debe también enseñar a sus hijos “a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos… [y] a orar y a andar rectamente delante del Señor” (D. y C. 68:25, 28).

En un hogar así, se ama a los padres y no se les teme; se les aprecia y no se les tiene miedo; y a los hijos se les considera seres muy preciados que da el Señor para cuidar, sustentar, alentar y guiar.

Puede que en ocasiones haya desacuerdos, pequeñas disputas; más si hay oración, amor y consideración en la familia, habrá también un cimiento de afecto que los unirá para siempre, así como lealtad que siempre servirá de guía.

Ahora un consejo para los padres y madres que no tienen cónyuge… [Ustedes] llevan cargas agotadoras al luchar las batallas diarias que acompañan la crianza de los hijos y ver que se cubran sus necesidades. Ese es un deber solitario, pero no tienen que estar completamente solos. Hay muchas personas, hay muchos en esta Iglesia que podrían extender una mano hacia ustedes con delicadeza y comprensión.

Ellos no desean entrometerse donde no se les necesite, sino que
su interés es genuino y sincero, y ellos se bendicen a sí mismos a
la vez que los bendicen a ustedes y a sus hijos. Acepten su ayuda, ellos tienen que brindarla por el bien de ellos y por el de ustedes.

Contamos con miles de buenos obispos en la Iglesia, miles de buenos líderes de cuórum, miles de mujeres maravillosas de la Sociedad de Socorro, tenemos maestros orientadores y maestras visitantes. Ellos son sus amigos, el Señor los ha dispuesto para que les brinden a ustedes su fortaleza y los ayuden; y nunca olviden que el Señor mismo es una fuente de mayor fortaleza que cualquier otra. Me conmovió cierta experiencia que relató… una madre sola, que criaba siete hijos, la cual rogó a su Padre Celestial poder estar con Él aunque solo fuera por una noche, a fin de hallar consuelo y fortaleza para las futuras pruebas. Tierna fue la respuesta que acudió a su mente casi como una revelación: “Tú no puedes venir a mí, pero yo iré a ti”.

Cuanto más eduquen a sus hijos en los senderos del evangelio de Jesucristo, con amor y metas elevadas, hay mayor probabilidad de que tengan paz en sus vidas.

Mediante la oración familiar, los hijos crecen con fe en el Dios viviente.

 Miren a sus pequeñitos. Oren con ellos y por ellos, y bendíganlos. El mundo en el cual ellos viven es muy
complejo y difícil; navegarán en tempestuosos mares de adversidad y necesitarán toda la fuerza y toda la fe que puedan darles mientras todavía estén cerca de ustedes,
 así como también una mayor fuerza que proviene de un poder más alto. Ellos tienen que hacer algo más que conformarse con las circunstancias que hallen; tienen que
elevar el mundo, y los únicos medios que tendrán para hacerlo serán el ejemplo de su propia vida y los poderes de persuasión que emanen de su testimonio y del conocimiento de las cosas de Dios. Necesitarán la ayuda del Señor. Mientras son pequeños, oren con ellos para que lleguen a conocer la fuente de fortaleza que entonces tendrán a su alcance siempre, en todo momento de necesidad.

No sé de ninguna otra práctica que tenga un efecto más saludable en la vida de una familia que la de arrodillarse juntos en oración. Las palabras “Nuestro Padre Celestial” en sí tienen un efecto enorme. Uno no puede pronunciarlas con sinceridad y reconocimiento a menos que se sienta responsable ante Dios…

Las conversaciones diarias con Él brindarán una paz al corazón y una dicha a la vida que no pueden provenir de ninguna otra fuente… El aprecio mutuo crecerá.
Los hijos se verán bendecidos con un sentimiento de seguridad que deriva de vivir en un hogar donde mora el Espíritu de Dios. Conocerán y amarán a padres que se respetan entre sí, y crecerá un espíritu de respeto en su corazón. Sentirán el resguardo de tiernas palabras pronunciadas en forma apacible. Los cobijarán un padre y una madre que, al vivir honradamente para con Dios, viven honradamente entre ellos y para con el prójimo. Madurarán con un sentido de gratitud, al haber escuchado a sus padres expresar agradecimiento en oración por las bendiciones grandes y por las pequeñas. Crecerán con fe en el Dios viviente.

La noche de hogar puede acercar más a los padres y a los hijos al aprender las vías del Señor.


Recuerdo que cuando era niño, de unos cinco años de edad, el presidente Joseph F. Smith anunció a toda la Iglesia que debían

reunir a su familia para efectuar la noche de hogar. Mi padre dijo: “El Presidente de la Iglesia nos ha pedido que lo hagamos y vamos a hacerlo”.

De modo que todos nos reunimos para la noche de hogar. Era entretenido; él decía: “Cantaremos un himno”, pero no éramos muy buenos para cantar… Tan solo intentábamos cantar y nos reíamos el uno del otro. Así hicimos con muchas otras cosas. No obstante, de aquella experiencia surgió algo gradualmente que fue magnífico; una costumbre que nos ayudó, que nos acercó como familia, que nos fortaleció y que cultivó en nuestro corazón la convicción del valor de la noche de hogar.

Estoy agradecido de que como Iglesia tengamos como parte básica de nuestro programa la costumbre de la noche de hogar semanal. Es significativo que en estos ajetreados días miles de familias en todo el mundo hagan un esfuerzo concienzudo por consagrar una noche a la semana para cantar juntos, instruirse los unos a los otros en las vías del Señor, arrodillarse juntos en oración y agradecer al Señor Sus misericordias e invocar Sus bendiciones en nuestra vida, hogar, labores y nación. Creo que no valoramos el inmenso beneficio que proviene de este programa.

Si tienen alguna duda en cuanto a las virtudes de la noche de hogar, pónganla a prueba. Reúnan a sus hijos a su alrededor, enséñenles, compartan su testimonio, lean las Escrituras juntos y pasen un buen momento juntos.

Los padres deben comenzar a enseñar a los hijos cuando son pequeñitos.

 Poco después de que mi esposa y yo nos casamos, edificamos nuestra primera casa. Teníamos muy poco dinero y yo mismo hice gran parte del trabajo. El jardín tuve que hacerlo yo solo.

   
El primero de los muchos árboles que planté fue una acacia negra sin espinas, y visualicé el día en que con su sombra refrescara la casa en el verano. Lo puse en un extremo donde el viento del cañón de las montañas al oriente soplaba con más fuerza. Hice un hoyo, asenté allí las raíces, lo cubrí con tierra, le eché agua y prácticamente me olvidé de él. Era un arbolito pequeño, quizá de unos dos centímetros de diámetro, y era tan flexible que podía doblarlo con facilidad en cualquier dirección. No le presté mucha atención al pasar los años, hasta que un día invernal en que el árbol no tenía hojas, lo vi casualmente al mirar por la ventana; me fijé entonces en que se inclinaba hacia el poniente; que estaba deforme y desequilibrado. No lo podía creer. Salí y traté con todas mis fuerzas de enderezarlo, pero el tronco ya medía casi 30 centímetros de diámetro y mi fuerza no era nada en contra de él. Fui a buscar una polea y una cuerda; después de haber amarrado un extremo de esta al árbol y el otro a un poste firme, tiré de la cuerda.

La polea se movió un poco y el tronco del árbol se estremeció ligeramente, pero eso fue todo. Parecía decirme: “No puedes enderezarme, es demasiado tarde. He crecido así por tu negligencia y no me doblegaré”.

Finalmente, desesperado, tomé la sierra y le corté la rama grande y pesada que daba al oeste. Retrocedí y contemplé lo que había hecho: había cortado gran parte del árbol, dejando una horrible cicatriz de unos veinte centímetros a lo largo y una sola rama que apuntaba hacia arriba.

…Hace poco volví a mirar el árbol; es grande, tiene mejor forma y es un bello adorno para la casa; pero cuán serio fue el trauma de su juventud y cuán doloroso el tratamiento que empleé para enderezarlo. Cuando lo planté, un pedacito de hilo lo hubiera mantenido derecho en contra de la fuerza del viento. Yo habría podido y debí haberle puesto ese hilo con tan poco esfuerzo; pero no lo hice, y se dobló ante las fuerzas que cayeron sobre él.

Los hijos son como los árboles; cuando son jóvenes, se puede moldear y dirigir su vida, por lo general con muy poco esfuerzo. El autor de los Proverbios escribió: “Instruye al niño en su camino; y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él” (
Proverbios 22:6). Esa instrucción tiene sus raíces en el hogar.
 
“Reúnan a sus hijos a su alrededor, enséñenles, compartan su testimonio, lean las Escrituras juntos y pasen un buen momento juntos”.
 
Isaías dijo: “Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová, y grande será la paz de tus hijos” (Isaías 54:13).

Guíen a sus hijos e hijas, dirijan sus pasos desde que sean muy pequeños, enséñenles las vías del Señor de tal manera que la paz sea la compañera de ellos a lo largo de su vida.

Si se rebelan los hijos, los padres deben seguir orando por ellos, amándolos y tendiéndoles la mano.

Reconozco que hay padres que, a pesar de haberles dado un amor incondicional y de haber hecho un esfuerzo diligente y fiel por enseñarles, ven a sus hijos crecer de manera contraria a sus enseñanzas y lloran al verlos descarriados, seguir deliberadamente un curso que les acarreará consecuencias trágicas.

Siento gran compasión hacia esas personas, y a ellas acostumbro citar las palabras de Ezequiel: “El hijo no llevará la iniquidad del padre, ni el padre llevará la iniquidad del hijo” (
Ezequiel 18:20).

De vez en cuando, pese a todo lo que intenten hacer, hay hijos rebeldes. No obstante, sigan intentándolo; no se den por vencidos jamás. Jamás habrán perdido en tanto lo intenten. Sigan intentándolo.

Si alguno de ustedes tiene un hijo o un ser querido en esa condición [de rebeldía], no se den por vencidos. Oren por ellos, ámenlos, tiéndanles la mano y ayúdenlos.


Algunas veces parecerá ser demasiado tarde… sin embargo, recuerden mi acacia [véanse las páginas (00–00) 171–172]. De una poda y del sufrimiento surgió algo hermoso, cuya vida posterior ha brindado sombra placentera al calor del día.

Fortalecemos a nuestra familia al procurar la ayuda de los cielos y al fomentar un espíritu de amor y respeto mutuos.

[Criar una familia] puede que no sea fácil y que esté colmada de desilusiones y dificultades; requerirá valor y paciencia… El amor puede marcar la diferencia: el amor que se dé generosamente en la infancia y también a lo largo de los difíciles años de la juventud. Este hará lo que el dinero que se derroche en los hijos jamás hará.

Y la paciencia, y el refrenar la lengua y el autodominio ante la ira…
Y el alentar, siendo rápidos para elogiar y lentos para criticar.

Todo eso, junto con la oración, obrará maravillas. No esperen hacerlo solos; necesitan la ayuda del cielo para criar a un hijo del cielo; es decir, a su hijo o hija, quien también es hijo o hija del Padre Celestial.

Todo niño, con unas pocas excepciones, es producto de un hogar, sea este bueno, malo o indiferente. Conforme los niños crecen a través de los años, su vida llega a ser, en gran medida, una extensión y un reflejo de las enseñanzas familiares. Si hay aspereza, maltrato, ira descontrolada, deslealtad, los frutos serán seguros y discernibles, y con toda probabilidad se repetirán en
generación siguiente. Si por otro lado hay tolerancia, perdón,
respeto, consideración, bondad, misericordia y compasión, del mismo modo los frutos serán discernibles y eternamente gratificantes; serán positivos y dulces y magníficos. Y conforme los padres tengan y enseñen misericordia, esta se repetirá en la vida y las acciones de la siguiente generación.

Me dirijo a los padres y madres de todas partes para rogarles que dejemos de lado la aspereza, que refrenemos nuestra ira, que bajemos el tono de la voz, y que nos tratemos con misericordia, amor y respeto el uno al otro en nuestro hogar.

 En la antigüedad se dijo que “la blanda respuesta quita la ira” (Proverbios 15:1). Muy raras veces nos metemos en dificultades cuando hablamos apaciblemente; es solo cuando alzamos la voz que las chispas vuelan y los granitos de arena se hacen grandes montañas de contención… La voz de los cielos es apacible y delicada (véase 1 Reyes 19:11–12); del mismo modo, la voz de la paz en el hogar es una voz suave.

Claro que dentro de la familia existe la necesidad de la disciplina; pero la disciplina severa, la disciplina cruel, lleva inevitablemente, no a la corrección, sino al resentimiento y a la amargura; no cura nada, sino que solamente agrava el problema; es contraproducente.

No existe en todo el mundo disciplina como la disciplina del amor; tiene magia propia.

Esforcémonos constantemente por fortalecer a nuestra familia. Que el esposo y la esposa cultiven un espíritu de absoluta lealtad el uno para con el otro. No dejemos de valorarnos el uno al otro, sino esforcémonos constantemente por cultivar un espíritu de amor y de respeto mutuos.

Oh, Dios, nuestro Padre Eterno, bendice a los padres para que enseñen con amor y con paciencia, y para que den aliento a quienes son lo más preciado, los niños que han venido de Ti, para que juntos sean salvaguardados y dirigidos para bien, y en el
proceso del crecimiento, traigan bendiciones al mundo del cual serán parte.

 

sábado, 11 de febrero de 2017

Correo del Corazón

                      CORREO DEL CORAZON
                                     "Dia del Amor y de la Amistad"

 

                                                             Ruth del Carmen Orozco


Hola hermano Rehuel Sánchez:
“Correo del Corazón”

Soy una hija de Dios con 50 años de edad, no soy profesional soy soltera pero tengo tres hijos  que ya no viven conmigo se fueron  soy sola y busco tener un esposo trabajador incansable en la obra del señor y llegar a la exaltación 

Mi deseo es encontrar un compañero de acá de Colombia de donde yo soy 
Soy una mujer humilde en mi condición de las cosas materiales, pero soy una persona altamente rica en lo espiritual no me  importa si la persona que busco  sea de mi misma condición  o sea humilde lo único que busco es tener un esposo digno poseedor del sacerdocio no más.
Soy una mujer trabajadora que durante 45 años, porque cuento a partir de los 10  años he trabajado,  porque siempre he sido sola  bueno, cuando viví con el padre de mis tres hijos no trabaje porque a él no le gustaba pero cuando el falleció volví a trabajar

Y la verdad me sorprende que por fin haya podido pertenecer a este grupo colectivo porque sé que puedo encontrar a alguien con mis mismas creencias y valores 
Gracias   por escribir y muchas gracias por publicar mi pedido.
NOTA: Las personas interesadas deben ser serios y ser miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

 Pueden escribir a hermanomormon@yahoo.com , enviando todos sus datos personales al respect de este caso.
 
 
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lunes, 14 de noviembre de 2016



Catholic Community Services honra
al presidente Russell M. Nelson




                         El presidente Russell M. Nelson, segundo de la izquierda,
                             acepta el Premio Humanitario de Bradford R. Drake,

                        director ejecutivo de CCS; Monseñor Colin F. Bircumshaw,
                          presidente interino de CCS; Y Peter Corroon, president
                        del consejo de administración de CCS, el 4 de noviembre.




Por Rachel Sterzer


Noticias de la Iglesia SUD

Publicado el: 10 de noviembre de 2016 3:10 p.m.

Actualizado: 10 de noviembre de 2016 3:14 p.


Como cirujano cardíaco, Russell M. Nelson pasó su carrera profesional tratando de salvar vidas físicas. Tomó sus habilidades y técnicas pioneras en todo el mundo, enseñando y realizando operaciones necesidad", según la información proporcionada por Catholic Community Services of Utah Durante su cena anual de premios.

 
Catholic Community Services honró al Presidente Nelson durante su Cena de Premios Humanitarios el viernes, 4 de noviembre, en el Little America Hotel en Salt Lake City.

donde no estaban disponibles.

 
Ahora, como Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, el Presidente Nelson "ha podido continuar y ampliar su labor humanitaria mientras visita y sirve a los países y pueblos de todo el mundo en


Durante el evento, el Presidente Nelson dijo: "Estoy profundamente honrado de aceptar este premio. Es especialmente significativo para mí porque proviene de valiosos amigos que son en sí mismos ejemplos tan sólidos de dedicación a las personas necesitadas ".

 
A lo largo de los años, la Iglesia ha apoyado a los Servicios Comunitarios Católicos - un ministerio de la Diócesis Católica de Salt Lake City - y sus esfuerzos para servir a los hambrientos, los desamparados, los inmigrantes y los refugiados en la comunidad. Bradford Drake, director ejecutivo de Catholic Community Services, dijo: "Es sólo un honor para dos creencias trabajar tan estrechamente. Nos sentimos honrados en CCS de poder honrar a la Iglesia SUD por las muchas, muchas cosas buenas que hacen por CCS ".

 
También reconocieron en el acontecimiento la abogada Elizabeth Smart de la víctima y el arzobispo católico John C. Wester de Santa Fe. El arzobispo Wester fue el noveno obispo de Salt Lake City de 2007 a 2015 y presidente de la Junta Directiva de CCS. Durante su servicio, CCS Inmigración y Reasentamiento de Refugiados se duplicó en tamaño. Él continúa abogando por los derechos de inmigrantes y refugiados a nivel nacional.

 
Elizabeth Smart Gilmour, una santa de los últimos días, sobrevivió a una prueba de nueve meses después de ser secuestrada de su casa en 2002. Ahora trabaja como abogada de las víctimas y sobrevivientes de todas las tragedias.

El Presidente Nelson también expresó su agradecimiento por haber sido reconocido con el Arzobispo Wester y la Hermana Gilmour, quienes "también han dedicado - y continúan dedicando - sus vidas en beneficio de nuestros hermanos y hermanas en peligro".

Al aceptar su premio, el Presidente Nelson dijo que cuando piensa en las más de 1.000 comidas que se sirven diariamente en el Comedor de San Vicente de Paul de los Servicios Comunitarios Católicos, se le recuerda las palabras de Cristo que se encuentran en Lucas 14: 13-14. "Pero cuando haces un banquete, llama a los pobres, a los mutilados, a los cojos, a los ciegos: Y serás bendecido; Porque no pueden recompensarte. "

Cuando el Presidente Nelson piensa en el refugio, las duchas, las instalaciones de lavado y los cortes de pelo proporcionados por el Centro de Recursos para Personas sin Hogar de Weigand, dijo que se le recuerda las palabras del Señor: "El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza". (Lucas 9:58).
Y cuando piensa en los más de 600 refugiados que son ayudados por los Servicios de la Comunidad Católica en su reasentamiento en Utah cada año, el Presidente Nelson dijo: "Una vez más, me recuerdo que el Salvador mismo fue un refugiado de su país natal aún siendo un niño. Su madre y José tuvieron que confiar en las misericordias de los egipcios hasta que era seguro para ellos regresar. Ciertamente, es un acto de bondad cristiana para nosotros alcanzar en hospitalidad y compasión abrazar a aquellos que han llegado como extraños entre nosotros ".

 
Los corazones han sido afectados al observar las dificultades que soportan millones de refugiados, dijo el presidente Nelson. "Se han embarcado en viajes largos y peligrosos a través de aguas traicioneras o vastos desiertos a circunstancias a menudo inhóspitas. Han dejado atrás sus profesiones, posesiones y muchos de sus seres queridos. "

La respuesta a la invitación de la Primera Presidencia hace un año para participar en proyectos locales de ayuda a los refugiados ha sido notable, señaló el Presidente Nelson. "Miles de anfitriones han buscado maneras en que puedan ser de ayuda. Muchas de estas buenas intenciones sólo podían realizarse gracias a las bases ya establecidas por nuestros amigos en Catholic Community Services, el Comité Internacional de Rescate y otras organizaciones de reasentamiento de refugiados aquí y en todo el país ".

El Presidente Nelson compartió su oración "para que podamos seguir caminando juntos como socios en esta gloriosa causa de salvar y levantar vidas, que al hacerlo, cada uno pueda disfrutar de una vida con propósito".

 
 

The LDS Church News is an official publication of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints. The publication's content supports the doctrines, principles and practices of the Church.


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martes, 25 de octubre de 2016

Huracan sacude la ciudad de St. Augustine en Florida


MANOS EN ACCION  EN
 ST. AUGUSTINE, FLORIDA



"En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados y tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir". Hechos 25: 35
Miami, 23 de octubre del 2016

        La bella y Agradable ciudad de St. Augustine, la más antigua del estado de la Florida, está en estos momentos muy afectada por el huracán Matthew, Así lo  confirmó el Obispo Jaime Zenteno, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en North Miami Beach, Florida. “La gente sufre por los cientos de casas destruidas, el panorama era de tristeza y dolor, especialmente por sus pertenencias, gracias a Dios también hubo muchos voluntarios socorristas entre ellos la IJSUD, quienes ayudaron en la tarea de limpieza, mayormente con los escombros y arboles caidos






 El pasado sábado 15 de octubre de este año (2016) La Estaca de Miami Lake envió a más de 80 miembros de Miami a la ciudad de   St. Augustine (5 horas de viaje) para ayudar a recoger los escombros, cortar árboles y remover lo dañado por las aguas del huracan

“Es la zona más afectada que he visto”, dijo el Obispo Zenteno, comentando además que “Nuestra Iglesia no solo ayuda a nuestros miembros, también tienden la mano a todo aquel que lo necesite”. También dijo que algún miembro tubo que dormir en un piso de cemento, pero  fue el que mejor durmió, ya que fue a causa  de su amor por ayudar al prójimo.



La hermana Rosi Socarras dio un testimonio sobre su experiencia en ayudar a las personas, entre otras cosas ella dijo “Fui acompañando al grupo de voluntarios de mi iglesia de North Miami Beach, no sabía lo que me esperaba, pensé que solo daría comida  a los trabajadores voluntarios, pero que va, al llegar y ver la destrucción tal que allí había y al ver a tantos cientos de personas heridas y sufridas que perdieron sus casas y todo lo demás, eso me llenó de fuerza y de energía y trabaje fuertemente al igual que todos para ayudar a tanta gente, soy una persona mayor y delicada de salud, ¡pero, increíble!, al día siguiente no me dolía nada, todos los voluntarios vestían orgullosos una camisetas amarillas que en la espalda decía “Manos en Acción”. Yo me sentía perfectamente bien, no me dolía nada. Gloria a Dios.




Dios bendiga grandemente a los damnificados para que puedan levantarse nuevamente y empezar con fuerzas, y Dios bendiga a todos aquellos voluntarios que dejaron sus hogares por varios días para “Servirle al Señor Nuestro. Dios.










“Manos en Acción”
Por: Hno. G. Rehuel Sánchez
RR/PP

Fotos: Cortesia del Hno. Hugo Barrientos.          
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Entre otros hermanos mormones, también asistieron la rama Riverside Park, estaca Coral Springs en Florida y en estas fotos nos muestran parte de los destrozos de St. Agustine, Florida.
 
















"En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados y tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir". Hechos 25: 35


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domingo, 9 de octubre de 2016

El Sacerdocio, un ancla segura

El sacerdocio: un ancla segura




L. Tom Perry.

Por el élder L. Tom Perry (1922–2015)
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

El élder L. Tom Perry preparó este artículo el 28 de mayo de 2015, dos días antes de su fallecimiento; iba a presentar dicho artículo a los jóvenes poseedores del sacerdocio.

La mayor fortaleza de mi vida ha sido el sacerdocio de Dios. Creo que también será un ancla segura para ustedes, jovencitos; sin embargo, para que tenga poder en su vida, deben comprenderlo y utilizarlo.

 
Primeras experiencias con el sacerdocio 
 
Yo crecí en circunstancias cómodas, en Logan, Utah, EE. UU.; no tuve preocupaciones en mi niñez con respecto a alimentos, vivienda ni educación. Pero, tal vez debido a que la vida era fácil, necesité algo a lo cual aferrarme que me mantuviera firme.
Para mí, esa ancla fue el sacerdocio de Dios. Mientras crecía, me encontraba en una situación fuera de lo común. Mi papá fue llamado a ser obispo cuando yo tenía un año, y fue mi obispo durante 19 años. Su guía paternal y espiritual fue de gran ayuda para mí.


Creo que es mayormente por eso que esperaba con gran anhelo recibir el Sacerdocio Aarónico cuando cumpliera los doce años. Recuerdo el día especial en que sentí las manos de mi padre sobre mi cabeza, mientras me ordenaba. Después de eso, avancé en los oficios del Sacerdocio Aarónico y recibí llamamientos que disfruté mucho.


Repartir la Santa Cena era muy especial para mí. Se podía ver a las personas comprometerse a obedecer al Señor y guardar Sus mandamientos al participar de los emblemas de Su cuerpo y de Su sangre.


Crecer en la comprensión del sacerdocio

Conforme pasó el tiempo, me gradué de la escuela secundaria y, después de cursar un año en la universidad, fui llamado a servir en una misión. Disfruté cada minuto de ella y quise mucho a mis compañeros. Hubo un compañero en particular que fue una fuente de fortaleza para mí. Aprendí mucho de él a medida que cumplíamos con nuestras responsabilidades.


Debido a que Estados Unidos estaba en guerra, cuando regresé de la misión me uní a la Infantería de Marina de los Estados Unidos. Cuando terminó la guerra, volví a la universidad, me casé y formé una familia. Una serie de traslados en mi carrera profesional me llevaron a muchos lugares a lo largo de todo Estados Unidos, en los que aprendí mucho al prestar servicio en numerosos llamamientos del sacerdocio. Finalmente, me mudé a Boston, Massachusetts, donde serví como presidente de estaca. Fue de allí que me llamaron a ser Ayudante de los Doce y luego, después de diecisiete meses, al Cuórum de los Doce Apóstoles.


-----------------Lecciones que aprendí como apóstol

¿Qué he aprendido  como miembro del Quórum de los Doce?
He aprendido que hay una guía, un ancla y una protección en el sacerdocio.
El sacerdocio ha existido siempre. Antes de que Adán viniera a la tierra, él tenía el sacerdocio. Al dispersarse la posteridad de Adán con el sacerdocio, se hizo necesario organizar la manera en la que este se administraba. El Señor hizo eso al llamar a Abraham para que presidiera su familia de poseedores del sacerdocio. Dicha organización continuó bajo Isaac y Jacob, cuyo nombre fue cambiado más tarde a Israel.
Siglos más tarde, los hijos de Israel se encontraban en cautiverio. El Señor envió a Moisés para liberarlos pero, cuando Moisés lo hizo, demostraron que como pueblo no estaban listos para recibir el Sacerdocio de Melquisedec. Por tanto, permanecieron con el Sacerdocio Aarónico hasta la época del Salvador.
Me parece muy interesante lo primero que hizo el Salvador cuando comenzó Su ministerio: organizó el Sacerdocio de Melquisedec. Llamó a doce apóstoles y les enseñó las leyes y el orden del sacerdocio. Llamó a Pedro a ser el apóstol principal, estableciendo así una línea de autoridad en Su Iglesia. En aquella época y en esta, es Jesucristo quien selecciona a Su apóstol principal para presidir la Iglesia, y es el Salvador el que lo dirige en sus deberes del sacerdocio.
De modo que el sacerdocio tiene una línea directa desde nuestro Señor y Salvador a través del apóstol principal a los demás apóstoles y de ahí a los demás poseedores del sacerdocio de la Iglesia. A los apóstoles se les dan llaves de autoridad, y en tanto que esas llaves se encuentren sobre la tierra, seremos guiados por el Señor mismo. Esa dirección divina nos protege y nos asegura que la Iglesia no se desviará de la verdad. Se mantendrá constante
porque no está dirigida por ningún ser terrenal; está dirigida por el Señor.



Aprendan las doctrinas del sacerdocio

El mejor consejo que tengo para ustedes, jovencitos, es que estudien las doctrinas del sacerdocio, que entiendan el poder que tienen al ejercer su sacerdocio y que aprendan cómo este puede bendecir la vida de ustedes y la de los demás.

Les prometo que si aprenden las doctrinas del sacerdocio y cumplen con los deberes del mismo, este será un ancla segura que los mantendrá espiritualmente seguros y les brindará gran regocijo. Sean un fiel cuórum del sacerdocio. Extiendan una mano a sus amigos y tráiganlos a su cuórum. Establezcan en su cuórum una hermandad que sea un fundamento permanente para la vida de ustedes.

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domingo, 25 de septiembre de 2016

CREPUSCULO SUD.


Crepúsculo


Claridad de la luz al salir o ponerse el sol,
especialmente la del anochecer.

"el silencio se apodera del indeciso color de la hora que precede al crepúsculo; un casco de luna amarilla salió entonces de entre el celaje de la humedad adelantando la llegada del crepúsculo"

"salíamos a pasear en el crepúsculo, cuando ya no hacía tanto calor"




Por: Gerardo Rehuel Sánchez
24 sept.2016
North Miami Beach, Florida
EE.UU.

 Los miembros del Sumo Sacerdocio de North Miami Beach SUD. Planeamos esta reunión, ir a la playa por la mañana y ver el crepúsculo, o sea, ver salir el sol, de esa manera nuestro espíritu se llenaría de gozo porque veremos esta hermosa creación de Dios salir del alba del horizonte sobre el inmenso mar atlántico, con su luz brillante y de colores, casi parecía una Aurora Boreal, el ánimo de todas las personas que fueron con sus familia a la playa se animó, oramos y cantamos himnos de alabanza a Dios Padre, así comenzamos el día este pasado 24 de septiembre del 2016 en la hermosa playa de Hallower, en North Miami Beach, Florida.

        El crepúsculo es una creciente intensidad de luz al amanecer y una luz decreciente en el atardecer. El término crespúsculo es de origen latín “crepusculum” que especifica la pequeña transición del día en noche y de la noche en día.   

El crepúsculo se origina porque la luz del sol ilumina las capas altas de la atmósfera, debido a que la luz se difunde en todas las direcciones por las moléculas del aire.

El crepúsculo matutino conocido como aurora o alba, sucede antes de la salida del sol. El crepúsculo vespertino conocido como atardecer u ocaso es aquel que sucede tras la puesta del sol.

Quisiera contarles tantas cosas bonitas que ocurrieron este día, pero no los cansare, solo añadiré que disfrutamos mucho, desayunamos cosos preparadas por nosotros mismos, nos divertimos en grande, casi toda la congregación de nuestra Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días estuvieron presentes,  luego siguió la algarabía con los miembros del Quorum de Elderes que planearon el almuerzo para ese mismo día. GRACIAS DIOS POR ESTE REGALO DE AMOR. También jugamos, paseamos y sacamos muchas fotos. Aquí publico algunas de ellas:

Obispo Jaime Zenteno y parte de los miembros SUD


Obispo Jaime Zenteno



                                                       Viendo el amanecer crepuscular              





Hermano




Hermano
Morán y su mama




                                                                    Hna. Rosita Rodriguez




Hermano Hugo Barrientos rertratando moscas, hormigas, palomas y todo l que se mueve




                                   Hermosa foto, observando el crepúsculo a la orilla del mar.






Comenzando a preparer el desayuno







 





Desayunando










Obispo Jaime Zenteno en  el Crepúsculo del sábado 24 de septiembre










Jaime y  Adoria Collins, ellos creían que nadie los veía,
pero se olvidaron del paparazzi....Hum.









Caray, hasta nos resultaron pescadores








Hermanmos SUD. Roger Zelaya, Gerardo Rehuel Sánchez, Ricardo Angel e Ildemaru Gutierrez







                                                                  Hermano Antonio Becerra














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