domingo, 25 de septiembre de 2016

CREPUSCULO SUD.


Crepúsculo


Claridad de la luz al salir o ponerse el sol,
especialmente la del anochecer.

"el silencio se apodera del indeciso color de la hora que precede al crepúsculo; un casco de luna amarilla salió entonces de entre el celaje de la humedad adelantando la llegada del crepúsculo"

"salíamos a pasear en el crepúsculo, cuando ya no hacía tanto calor"




Por: Gerardo Rehuel Sánchez
24 sept.2016
North Miami Beach, Florida
EE.UU.

 Los miembros del Sumo Sacerdocio de North Miami Beach SUD. Planeamos esta reunión, ir a la playa por la mañana y ver el crepúsculo, o sea, ver salir el sol, de esa manera nuestro espíritu se llenaría de gozo porque veremos esta hermosa creación de Dios salir del alba del horizonte sobre el inmenso mar atlántico, con su luz brillante y de colores, casi parecía una Aurora Boreal, el ánimo de todas las personas que fueron con sus familia a la playa se animó, oramos y cantamos himnos de alabanza a Dios Padre, así comenzamos el día este pasado 24 de septiembre del 2016 en la hermosa playa de Hallower, en North Miami Beach, Florida.

        El crepúsculo es una creciente intensidad de luz al amanecer y una luz decreciente en el atardecer. El término crespúsculo es de origen latín “crepusculum” que especifica la pequeña transición del día en noche y de la noche en día.   

El crepúsculo se origina porque la luz del sol ilumina las capas altas de la atmósfera, debido a que la luz se difunde en todas las direcciones por las moléculas del aire.

El crepúsculo matutino conocido como aurora o alba, sucede antes de la salida del sol. El crepúsculo vespertino conocido como atardecer u ocaso es aquel que sucede tras la puesta del sol.

Quisiera contarles tantas cosas bonitas que ocurrieron este día, pero no los cansare, solo añadiré que disfrutamos mucho, desayunamos cosos preparadas por nosotros mismos, nos divertimos en grande, casi toda la congregación de nuestra Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días estuvieron presentes,  luego siguió la algarabía con los miembros del Quorum de Elderes que planearon el almuerzo para ese mismo día. GRACIAS DIOS POR ESTE REGALO DE AMOR. También jugamos, paseamos y sacamos muchas fotos. Aquí publico algunas de ellas:

Obispo Jaime Zenteno y parte de los miembros SUD


Obispo Jaime Zenteno



                                                       Viendo el amanecer crepuscular              





Hermano




Hermano
Morán y su mama




                                                                    Hna. Rosita Rodriguez




Hermano Hugo Barrientos rertratando moscas, hormigas, palomas y todo l que se mueve




                                   Hermosa foto, observando el crepúsculo a la orilla del mar.






Comenzando a preparer el desayuno







 





Desayunando










Obispo Jaime Zenteno en  el Crepúsculo del sábado 24 de septiembre










Jaime y  Adoria Collins, ellos creían que nadie los veía,
pero se olvidaron del paparazzi....Hum.









Caray, hasta nos resultaron pescadores








Hermanmos SUD. Roger Zelaya, Gerardo Rehuel Sánchez, Ricardo Angel e Ildemaru Gutierrez







                                                                  Hermano Antonio Becerra














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martes, 30 de agosto de 2016

Correo del corazón



Correo del corazón
 
 

Estimados, soy de Chile, me llamo Tannie Sweet Cisternas , nací el 9 de agosto de 1958, fui bautizada el 27 de mayo del año 2012 en Talcahuano,   he podido hacer todas las ordenanzas que puede una mujer soltera.( Nunca me casé)
 Soy Educadora de Párvulos de profesión la que he desarrollado por 36 años, y he tenido la oportunidad de servir en varios llamamientos en mi barrio y en mi estaca.
 mido 1.71 de estatura.
 Tengo dos hijos  de 21 años mi hija y un joven de 13 años con síndrome de DOWN quien  tiene el sacerdocio Aarónico y reparte la santa Cena domingo a domingo lo que lo hace muy feliz,desearia conocer a alguien de mi religión  y ojala de un pais difwerente al mío ,para compartir , cvonversar y tener una linda amistad.

 
 Atentamente;
 Tannie Sweet Cisternas
 995336226

 ajjunto foto saliendo del Templko de Santiago donde voy cxada vez que puedo.
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viernes, 19 de agosto de 2016

Breve autobiografía de Hna. Rosario Lily Pelén


Breve autobiografía de la
 Hna. Rosario Lily Pelén
 

Entrevista por: Gerardo Rehuel Sánchez
Para:
http://hermanomormon.blogspot.com/
Agosto 19, 2016
North Miami Beach, Florida.


Nací en la bella ciudad de Tegucigalpa, Honduras, un 7 de septiembre, hija de don Armando Pelén Cantoral, guatemalteco y de doña  María de la Cruz Sierra, hondureña, además tengo 4 hijos, todos mayores, ellos son; Nadia Waleka, Eddie, Hannah y Andrea.

Soy  Psicóloga de profesión y con buena experiencia ya que trabajé para pacientes de sida, violaciones, Proyectos y diplomada en consejería de salud, prevención de la violencia, etc.




Hno. Guillermo Paredes, Lider Misional, Hna,
Rosario Peléz y Hno. Ildemaro Gutierrez

La mamá de una amiga se hizo miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ella me habló de la Iglesia y su evangelio, además me habló de los misioneros, ellos me visitaron y asistí algunas veces a la iglesia, luego me aleje de la misma como por un año, pero ya la “Semilla” estaba sembrada. “Siento que tengo un guía silencioso que me aconseja has esto o esto otro”.

 Como psicóloga, no creo mucho en lo que dice la gente, no trabajo con las emociones humanas, pero, “siento a Dios en mi corazón”.

 

 
 
Algunas veces he envidiado a las gentes de las iglesias que dicen que sienten a Dios y que hasta los ayuda a seguir con el evangelio de Jesucristo, pero no trabajo con emociones, “Yo estoy buscando respuestas”, pero cuando por primera vez leí el Libro del Mormón, sentí que Este libro es   “El eslabón perdido”, “me está enseñando unas verdades claras, el cual es el camino a la salvación.

 
Mi bautismo en la Iglesia de Jesucristo fue el pasado sábado 13 de agosto del 2016, me enseñaron el evangelio el Elder Coburn y el Elder Spotts, pero me bautizó el Elder Coburn.
 



Deseo, de todo corazón ser una sierva fiel a nuestro Padre Dios y a su Hijo Jesucristo por el resto de mis días y servirle con mucho amor y respeto.
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jueves, 11 de agosto de 2016

Recibir asistencia Divina a Través De La Gracia Del Señor

 
Recibir Asistencia Divina A
Través De La Gracia Del Señor
 

Gene R. Cook
Of the First Quorum of the Seventy
 
 
Aún cuando seamos indignos o nos podemos sentir pecadores, si hacemos todo lo que podamos, El vendrá en nuestra ayuda y nos proveerá de aquello que nos falte.”

Mis queridos hermanos y hermanas, doy testimonio esta tarde sobre la divinidad del Señor Jesucristo, y en forma especial, sobre la doctrina de la gracia que El hace extensiva al genero humano (véase Jacob 4:6–7). Al hacerlo, reconozco humildemente el gran don que nos ha otorgado nuestro Padre Celestial debido a que “de tal manera amo … al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito …” (Juan 3: 16.)

En Busca Del DonQuizás algunos de nosotros no hayamos recibido, o no sepamos cómo usar, el gran don de la gracia

que nos ha dado el Padre por medio de la expiación de Su Hijo, Jesucristo. “Porque, ¿en que se beneficia un hombre a quien se confiere un don, si no lo recibe?” (D. y C. 88:33). Además, el profeta Zenós dijo: “Estas enojado, ¡oh Señor!, con los de este pueblo, porque no quieren comprender tus misericordias que les has concedido a causa de tu Hijo” (Alma 3}:16).

¿Cuantos de nosotros, a veces, tratamos de resolver los problemas por nosotros mismos, sin buscar la intervención del Señor en nuestra vida? Tratamos de llevar la carga por nosotros mismos.

Algunas personas aun se devanan con las dudas acerca de sus oraciones y de su dignidad personal, y dicen: “Quizás la oración no funciona”.

Otros que pueden haber sufrido enfermedades, desaliento, una crisis económica, el rechazo, desilusiones y aun la perdida de seres queridos, pueden decir: “¿Por que el Señor no me cura, o me ayuda a mi o a mi hijo? ¿Por que no previno esa muerte? ¿Tiene que ser tan infeliz esta vida?”

Si, hasta se podría clamar “Oh Dios, ¿en dónde estas? … ¿Hasta cuando se detendrá tu mano?” (D. y C. 121:1–2).

Jesús enseñó que pasamos por todos estos problemas para refinarnos “en el horno de la aflicción” (1 Nefi 20: 10) y que no debemos soportarlos sin ayuda, sino “en el nombre de su Redentor” (D. y C. 138: 13). A pesar de que a veces sentimos que nos ha olvidado, El testifica: “… yo nunca me olvidare de ti … pues he aquí, te tengo grabada en las palmas de mis manos” (1 Nefi 21:15–16).
Testifico que por medio de Su gracia, el Salvador puede ayudarnos continuamente en nuestra vida diaria, en nuestros malestares físicos y mentales, en nuestros dolores y transgresiones y aun en todas nuestras enfermedades (véase Mosíah 14:5; Alma 7:11–13; Alma 34:31).

Estar Centrados En CristoSin embargo, para superar las pruebas que enfrentemos, debemos mantener nuestros ojos y nuestros corazones centrados en el Señor Jesucristo. Porque “en vista de que el hombre había caído, este no podía merecer nada de si mismo …” (Alma 22:14); por lo tanto, necesitamos un defensor, un intercesor, un mediador que nos ayude. “Y es a causa de tu Hijo que has sido tan misericordioso [con nosotros] “ (Alma 33:11).

Debemos tener una gran esperanza al saber que, aun cuando seamos indignos o nos podamos sentir pecadores, si hacemos todo lo que podamos, El vendrá en nuestra ayuda y nos proveerá de aquello que nos falte (véase Corintios 12:9). Esta declaración define la gracia, hasta cierto grado.

Entender La Gracia

La gracia es una “ayuda o fortaleza divina, [que] proviene de la misericordia y el amor de Dios” (Guía para el estudio de las Escrituras, pág. 85). Es el poder de Dios. La doctrina de la gracia del Padre y del Hijo, y la forma en que nos afecta, es de tanta importancia para nosotros, que se menciona mas de doscientas veces en los libros canónicos.

Si podemos obtener la gracia del Señor Jesucristo, ese divino poder que nos servirá de gran ayuda en todo lo que hagamos, triunfaremos en esta vida y seremos exaltados en la venidera.

Permítanme analizar con ustedes cinco principios que nos pueden servir para obtener esa divina intervención en nuestra vida, o quizás para ser una ayuda en forma vicaria en la vida de otra persona. Estos principios son fáciles de entender, pero mas difíciles de aplicar. Ustedes ya los conocen; sin embargo, puede que no hayan considerado cuan directamente relacionados están en lo que respecta a obtener la gracia.

El primer principio es la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia” (Romanos 5: 1–2).

Es evidente que a la gracia, o sea a este poder, se llega por fe. Por algo la fe en el Señor Jesucristo es el primer principio del evangelio.

Cuan clara fue la pregunta de Cristo a Pedro cuando se hundía en las aguas, después de haber caminado sobre ellas: “¡Hombre de poca fe! ¿Por que dudaste?” (Mateo 14:31). En el momento en que Pedro dudo y quitó los ojos del Salvador, se aparto del poder de Jesucristo que lo había sostenido sobre las aguas.

De igual forma, ¿cuántas veces después de haber orado por ayuda para los problemas que enfrentamos, nos hemos separado a nosotros mismos del poder de Dios debido a las dudas y el temor, sin poder obtener ese poder de Dios que lo permite todo? (véase D. y C. 67:3; 6 36).

El arrepentimiento es el segundo principio. La gracia del Señor, a través de la Expiación, puede limpiar nuestros pecados y a la vez ayudarnos a perfeccionarnos por medio de las pruebas, las enfermedades y aun de los “defectos de carácter”. Somos tanto santificados como justificados por medio de la gracia del Señor (véase D. y C. 20:30–31). En verdad, “a medida que el hombre confiesa sus pecados, Cristo se manifiesta en misericordia” (de un himno no publicado, “Soy un hombre sano”, por Gene R. y Holly Cook; Alma 24: 10). Recuerden, Cristo puede enmendar nuestras imperfecciones y faltas, que de otra forma no se pueden corregir (véase Génesis 18: 14; Marcos 9:23–24).
Esta gran verdad nos debería llenar de esperanza, con tal de que estemos prestos en recordar que el efecto que la gracia tenga en nuestra vida depende del que nos arrepintamos de nuestros pecados.

“Por tanto, [por medio del] arrepentimiento y las buenas obras … les sea restaurada gracia por gracia, según sus obras” (Helamán 12:23–24).

Las condiciones que se requieren para que se nos. restaure la gracia son un corazón arrepentido y buenas obras. Cuando alguien pide fervientemente una respuesta en una oración, la respuesta puede estar mas condicionada al arrepentimiento de nuestros propios pecados personales que a ningún otro factor (véase D. y C. 101:7–8; Mosíah 11:23–24).

El tercer principio es la humildad. “ Pero el da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).

“Y si los hombres vienen a mi, les mostrare su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mi” (Eter 12:27).

La humildad es una condición esencial para obtener esta ayuda divina.
El hacer todo lo que este a nuestro alcance es el cuarto principio.

Verdaderamente Pablo enseñó- “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8–9). Así es, las obras por si solas no pueden darnos ese don divino, pero son una clave principal por medio de la cual se recibe el don (véase 2 Nefi 10 24–25) “… pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23).

Así, a menos que uno haya hecho todo lo que esta de su parte, no puede esperar que se manifieste la gracia de Dios. ¡Cuan bendecidos somos por haber entendido este glorioso principio! La ayuda del Señor-ya sea que tengamos una fe fuerte o débil, ya sea que se trate de un hombre, una mujer o un niño no se basa sólo en lo que sabemos, ni en nuestra fuerza física ni en lo que somos, sino mas bien en que demos todo lo que podamos y en que hagamos todo lo posible de acuerdo con nuestras circunstancias actuales. Una vez que uno ha dado todo lo que puede, recibirá la ayuda del Señor, mediante Su gracia (véase D. y C. 123:17).

En forma clara, la función del Señor y la nuestra para que recibamos la ayuda divina se aclaran con estas palabras inspiradas: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).

El quinto principio, el guardar los mandamientos, con toda seguridad es una condición para recibir la gracia del Señor. “Porque si guardáis mis mandamientos, recibiréis de su plenitud … por lo tanto, … recibiréis gracia por gracia” (D. y C. 93:20).

Para obtener la gracia, uno no tiene que ser perfecto pero si tiene que estar tratando de guardar los mandamientos lo mejor que puede, y así el Señor le permitirá recibir ese poder.
Moroni resume en forma breve la doctrina de la gracia. “… si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo” (Moroni 10:32).

La Esperanza Por Medio De Jesucristo

¡Cuan glorioso es entender esta doctrina de la gracia, la cual nos persuade a centrar mas nuestra fe y esperanza en Jesucristo! Por medio de la gracia del Padre, sabremos mejor cómo llegar hasta Su Hijo (1 Nefi 15:14, 15).

Seamos sumisos a la voluntad del Padre, reconociendo que Su voluntad es la mayor. Cuan agradecidos debemos estar de poder someternos a Su voluntad, porque El y Su Hijo jamas harán nada “a menos que sea para el beneficio del mundo” (2 Nefi 26:24).

Al buscar con mayor deseo la intercesión del Señor:Podemos “crecer en gracia y en conocimiento de la verdad” (D. y C. 50:40).
“Enseñaremos diligentemente y Su gracia nos acompañará” (véase D. y C. 88:78).

Por nuestro trabajo habremos de “recibir la gracia de Dios, a fin de fortalecernos en el Espíritu, … para enseñar con poder y autoridad de Dios” (Mosíah 18:26).

No caeremos de la gracia (véase D. y C. 20:32).

Recibiremos “gracia por gracia” (D. y C. 93:20).
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).
Testifico de que si buscamos la gracia de Dios, El vendrá en nuestra ayuda y en la ayuda de nuestros seres queridos, en tiempos de necesidad. Obedezcamos al Señor en todas las cosas y ofrezcámosle el póstumo sacrificio de un “corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:20; 12:19).

Ahora bien, como uno de los Setenta del Señor y testigo especial de Cristo, para dar testimonio de Su nombre en todo el mundo y “para preparar el camino delante de [Su] faz” (D. y C. 124:139), doy testimonio de la majestad del Padre y del Hijo.

Testifico que Jesucristo vive, que es capaz de intervenir en las vidas de los hombres hoy como lo hizo en los días antiguos cuando caminó entre los hombres.

Doy mi testimonio personal ante la Iglesia sobre la divina mano del Maestro en mi propia vida al sanarme de una enfermedad incurable. También doy testimonio de Su dirección personal en mi vida, por medio de una mano amorosa pero a la vez firme, para refinar mi alma, profundizar mis sentimientos, conceder la remisión de mis pecados y llenar mi alma con el amor de Dios.

No permitamos que ninguna prueba ni aflicción, mis hermanos y hermanas, jamas nos separe del amor de Dios ni del amor puro de Cristo (Romanos 8:31, 35–39).

Ruego que busquemos “a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre … permanezca en [nosotros] para siempre jamas” (Eter 12:41), en el nombre de Jesucristo. Amen

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Recibir asistencia Divina a Través De La Gracia Del Señor

 
Recibir Asistencia Divina A
Través De La Gracia Del Señor
 

Gene R. Cook
Of the First Quorum of the Seventy
 
 
Aún cuando seamos indignos o nos podemos sentir pecadores, si hacemos todo lo que podamos, El vendrá en nuestra ayuda y nos proveerá de aquello que nos falte.”

Mis queridos hermanos y hermanas, doy testimonio esta tarde sobre la divinidad del Señor Jesucristo, y en forma especial, sobre la doctrina de la gracia que El hace extensiva al genero humano (véase Jacob 4:6–7). Al hacerlo, reconozco humildemente el gran don que nos ha otorgado nuestro Padre Celestial debido a que “de tal manera amo … al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito …” (Juan 3: 16.)

En Busca Del DonQuizás algunos de nosotros no hayamos recibido, o no sepamos cómo usar, el gran don de la gracia

que nos ha dado el Padre por medio de la expiación de Su Hijo, Jesucristo. “Porque, ¿en que se beneficia un hombre a quien se confiere un don, si no lo recibe?” (D. y C. 88:33). Además, el profeta Zenós dijo: “Estas enojado, ¡oh Señor!, con los de este pueblo, porque no quieren comprender tus misericordias que les has concedido a causa de tu Hijo” (Alma 3}:16).

¿Cuantos de nosotros, a veces, tratamos de resolver los problemas por nosotros mismos, sin buscar la intervención del Señor en nuestra vida? Tratamos de llevar la carga por nosotros mismos.

Algunas personas aun se devanan con las dudas acerca de sus oraciones y de su dignidad personal, y dicen: “Quizás la oración no funciona”.

Otros que pueden haber sufrido enfermedades, desaliento, una crisis económica, el rechazo, desilusiones y aun la perdida de seres queridos, pueden decir: “¿Por que el Señor no me cura, o me ayuda a mi o a mi hijo? ¿Por que no previno esa muerte? ¿Tiene que ser tan infeliz esta vida?”

Si, hasta se podría clamar “Oh Dios, ¿en dónde estas? … ¿Hasta cuando se detendrá tu mano?” (D. y C. 121:1–2).

Jesús enseñó que pasamos por todos estos problemas para refinarnos “en el horno de la aflicción” (1 Nefi 20: 10) y que no debemos soportarlos sin ayuda, sino “en el nombre de su Redentor” (D. y C. 138: 13). A pesar de que a veces sentimos que nos ha olvidado, El testifica: “… yo nunca me olvidare de ti … pues he aquí, te tengo grabada en las palmas de mis manos” (1 Nefi 21:15–16).
Testifico que por medio de Su gracia, el Salvador puede ayudarnos continuamente en nuestra vida diaria, en nuestros malestares físicos y mentales, en nuestros dolores y transgresiones y aun en todas nuestras enfermedades (véase Mosíah 14:5; Alma 7:11–13; Alma 34:31).

Estar Centrados En CristoSin embargo, para superar las pruebas que enfrentemos, debemos mantener nuestros ojos y nuestros corazones centrados en el Señor Jesucristo. Porque “en vista de que el hombre había caído, este no podía merecer nada de si mismo …” (Alma 22:14); por lo tanto, necesitamos un defensor, un intercesor, un mediador que nos ayude. “Y es a causa de tu Hijo que has sido tan misericordioso [con nosotros] “ (Alma 33:11).

Debemos tener una gran esperanza al saber que, aun cuando seamos indignos o nos podamos sentir pecadores, si hacemos todo lo que podamos, El vendrá en nuestra ayuda y nos proveerá de aquello que nos falte (véase Corintios 12:9). Esta declaración define la gracia, hasta cierto grado.

Entender La Gracia

La gracia es una “ayuda o fortaleza divina, [que] proviene de la misericordia y el amor de Dios” (Guía para el estudio de las Escrituras, pág. 85). Es el poder de Dios. La doctrina de la gracia del Padre y del Hijo, y la forma en que nos afecta, es de tanta importancia para nosotros, que se menciona mas de doscientas veces en los libros canónicos.

Si podemos obtener la gracia del Señor Jesucristo, ese divino poder que nos servirá de gran ayuda en todo lo que hagamos, triunfaremos en esta vida y seremos exaltados en la venidera.

Permítanme analizar con ustedes cinco principios que nos pueden servir para obtener esa divina intervención en nuestra vida, o quizás para ser una ayuda en forma vicaria en la vida de otra persona. Estos principios son fáciles de entender, pero mas difíciles de aplicar. Ustedes ya los conocen; sin embargo, puede que no hayan considerado cuan directamente relacionados están en lo que respecta a obtener la gracia.

El primer principio es la fe. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia” (Romanos 5: 1–2).

Es evidente que a la gracia, o sea a este poder, se llega por fe. Por algo la fe en el Señor Jesucristo es el primer principio del evangelio.

Cuan clara fue la pregunta de Cristo a Pedro cuando se hundía en las aguas, después de haber caminado sobre ellas: “¡Hombre de poca fe! ¿Por que dudaste?” (Mateo 14:31). En el momento en que Pedro dudo y quitó los ojos del Salvador, se aparto del poder de Jesucristo que lo había sostenido sobre las aguas.

De igual forma, ¿cuántas veces después de haber orado por ayuda para los problemas que enfrentamos, nos hemos separado a nosotros mismos del poder de Dios debido a las dudas y el temor, sin poder obtener ese poder de Dios que lo permite todo? (véase D. y C. 67:3; 6 36).

El arrepentimiento es el segundo principio. La gracia del Señor, a través de la Expiación, puede limpiar nuestros pecados y a la vez ayudarnos a perfeccionarnos por medio de las pruebas, las enfermedades y aun de los “defectos de carácter”. Somos tanto santificados como justificados por medio de la gracia del Señor (véase D. y C. 20:30–31). En verdad, “a medida que el hombre confiesa sus pecados, Cristo se manifiesta en misericordia” (de un himno no publicado, “Soy un hombre sano”, por Gene R. y Holly Cook; Alma 24: 10). Recuerden, Cristo puede enmendar nuestras imperfecciones y faltas, que de otra forma no se pueden corregir (véase Génesis 18: 14; Marcos 9:23–24).
Esta gran verdad nos debería llenar de esperanza, con tal de que estemos prestos en recordar que el efecto que la gracia tenga en nuestra vida depende del que nos arrepintamos de nuestros pecados.

“Por tanto, [por medio del] arrepentimiento y las buenas obras … les sea restaurada gracia por gracia, según sus obras” (Helamán 12:23–24).

Las condiciones que se requieren para que se nos. restaure la gracia son un corazón arrepentido y buenas obras. Cuando alguien pide fervientemente una respuesta en una oración, la respuesta puede estar mas condicionada al arrepentimiento de nuestros propios pecados personales que a ningún otro factor (véase D. y C. 101:7–8; Mosíah 11:23–24).

El tercer principio es la humildad. “ Pero el da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).

“Y si los hombres vienen a mi, les mostrare su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mi” (Eter 12:27).

La humildad es una condición esencial para obtener esta ayuda divina.
El hacer todo lo que este a nuestro alcance es el cuarto principio.

Verdaderamente Pablo enseñó- “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8–9). Así es, las obras por si solas no pueden darnos ese don divino, pero son una clave principal por medio de la cual se recibe el don (véase 2 Nefi 10 24–25) “… pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23).

Así, a menos que uno haya hecho todo lo que esta de su parte, no puede esperar que se manifieste la gracia de Dios. ¡Cuan bendecidos somos por haber entendido este glorioso principio! La ayuda del Señor-ya sea que tengamos una fe fuerte o débil, ya sea que se trate de un hombre, una mujer o un niño no se basa sólo en lo que sabemos, ni en nuestra fuerza física ni en lo que somos, sino mas bien en que demos todo lo que podamos y en que hagamos todo lo posible de acuerdo con nuestras circunstancias actuales. Una vez que uno ha dado todo lo que puede, recibirá la ayuda del Señor, mediante Su gracia (véase D. y C. 123:17).

En forma clara, la función del Señor y la nuestra para que recibamos la ayuda divina se aclaran con estas palabras inspiradas: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4: 13).

El quinto principio, el guardar los mandamientos, con toda seguridad es una condición para recibir la gracia del Señor. “Porque si guardáis mis mandamientos, recibiréis de su plenitud … por lo tanto, … recibiréis gracia por gracia” (D. y C. 93:20).

Para obtener la gracia, uno no tiene que ser perfecto pero si tiene que estar tratando de guardar los mandamientos lo mejor que puede, y así el Señor le permitirá recibir ese poder.
Moroni resume en forma breve la doctrina de la gracia. “… si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo” (Moroni 10:32).

La Esperanza Por Medio De Jesucristo

¡Cuan glorioso es entender esta doctrina de la gracia, la cual nos persuade a centrar mas nuestra fe y esperanza en Jesucristo! Por medio de la gracia del Padre, sabremos mejor cómo llegar hasta Su Hijo (1 Nefi 15:14, 15).

Seamos sumisos a la voluntad del Padre, reconociendo que Su voluntad es la mayor. Cuan agradecidos debemos estar de poder someternos a Su voluntad, porque El y Su Hijo jamas harán nada “a menos que sea para el beneficio del mundo” (2 Nefi 26:24).

Al buscar con mayor deseo la intercesión del Señor:Podemos “crecer en gracia y en conocimiento de la verdad” (D. y C. 50:40).
“Enseñaremos diligentemente y Su gracia nos acompañará” (véase D. y C. 88:78).

Por nuestro trabajo habremos de “recibir la gracia de Dios, a fin de fortalecernos en el Espíritu, … para enseñar con poder y autoridad de Dios” (Mosíah 18:26).

No caeremos de la gracia (véase D. y C. 20:32).

Recibiremos “gracia por gracia” (D. y C. 93:20).
“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).
Testifico de que si buscamos la gracia de Dios, El vendrá en nuestra ayuda y en la ayuda de nuestros seres queridos, en tiempos de necesidad. Obedezcamos al Señor en todas las cosas y ofrezcámosle el póstumo sacrificio de un “corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:20; 12:19).

Ahora bien, como uno de los Setenta del Señor y testigo especial de Cristo, para dar testimonio de Su nombre en todo el mundo y “para preparar el camino delante de [Su] faz” (D. y C. 124:139), doy testimonio de la majestad del Padre y del Hijo.

Testifico que Jesucristo vive, que es capaz de intervenir en las vidas de los hombres hoy como lo hizo en los días antiguos cuando caminó entre los hombres.

Doy mi testimonio personal ante la Iglesia sobre la divina mano del Maestro en mi propia vida al sanarme de una enfermedad incurable. También doy testimonio de Su dirección personal en mi vida, por medio de una mano amorosa pero a la vez firme, para refinar mi alma, profundizar mis sentimientos, conceder la remisión de mis pecados y llenar mi alma con el amor de Dios.

No permitamos que ninguna prueba ni aflicción, mis hermanos y hermanas, jamas nos separe del amor de Dios ni del amor puro de Cristo (Romanos 8:31, 35–39).

Ruego que busquemos “a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre … permanezca en [nosotros] para siempre jamas” (Eter 12:41), en el nombre de Jesucristo. Amen

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jueves, 16 de junio de 2016

Regresen y deléitense a la mesa del Señor

Capítulo 12:
 

Regresen y deléitense
a la mesa del Señor

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia:
Howard W. Hunter
, (2015), 173–81

“Tiendan la mano a los menos activos y hagan realidad el
gozo que sentirán ustedes y aquellos a quienes ayuden”

De la vida de Howard W. Hunter

El día después de que Howard W. Hunter llegó a ser el Presidente de la Iglesia, extendió esta amorosa invitación a los miembros de la Iglesia que no estaban participando activamente:
“A los que hayan pecado o se sientan ofendidos, les pedimos que vuelvan. A los que se sientan heridos o tengan dificultades o miedo, permítannos acompañarlos y secarles las lágrimas. A los que estén confundidos y se vean asediados por el error por todas partes, les invitamos a que vengan al Dios de toda verdad y a la Iglesia de revelación continua. Vuelvan. Acompáñennos. Sigan adelante. Sean creyentes. Todo está bien, y todo estará bien. Deléitense a la mesa que les presenta La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y esfuércense por seguir al Buen Pastor que la ha proveído. Tengan esperanza, ejerciten la fe, reciban —y brinden— caridad, el amor puro de Cristo”1.
Unos meses más tarde, en su primer discurso en una conferencia general en calidad de Presidente de la Iglesia, el presidente Hunter dijo que se sentía inspirado a continuar con ese énfasis. “Vuelvan”, repitió. “Tomen literalmente la invitación del Señor: ‘Ven, sígueme’… Él es el único camino seguro; Él es la luz del mundo”2.
A lo largo de su vida, el presidente Hunter ayudó a muchos miembros de la Iglesia a regresar a la actividad [en la Iglesia]. Relatando una experiencia de sus primeros años como adulto, dijo:
“El obispo de mi barrio me asignó ser maestro de barrio de un hermano que hacía alarde de ser el diácono de mayor edad de la Iglesia. En ese tiempo a los maestros orientadores se les llamaba maestros de barrio. El problema que él tenía era que le encantaba jugar golf los domingos. Me desanimaba el reunirme mes tras mes con él y su esposa y no ver ningún progreso evidente, pero finalmente se le dijo la palabra correcta, y eso produjo una reacción positiva. La palabra era convenio. Le preguntamos: ‘¿Qué significa para usted el convenio del bautismo?’. Su expresión cambió, y por primera vez vimos su lado serio. Con el tiempo empezó a asistir a nuestras clases, dejó el golf y llevó a su esposa al templo”3.

Cristo con ovejas
“Cada uno de nosotros debería leer y releer la parábola de la oveja perdida… Espero que el mensaje de esa parábola quede grabado en el corazón de cada uno de nosotros”.

Enseñanzas de Howard W. Hunter

1

La parábola de la oveja perdida nos enseña a buscar a los que se han perdido

La Primera Presidencia [extendió] a los miembros de la Iglesia una invitación importante…
“A aquellos que han dejado de asistir [a la Iglesia] y a los que se han convertido en críticos [de la Iglesia], decimos: ‘Regresen. Regresen y deléitense a la mesa del Señor, y prueben nuevamente los dulces y satisfactorios frutos de la hermandad con los santos’.
“Estamos seguros de que muchos han deseado regresar, pero se han sentido incómodos ante la idea. Les aseguramos que encontrarán brazos abiertos para recibirlos y manos dispuestas a ayudarlos” (véase Liahona, mayo de 1992, págs. 5–6).
Creo que a todos nos impresionó esta magnánima súplica similar a la que el profeta Alma declaró en el Libro de Mormón en cuanto a una invitación que el Señor extendió. Él dijo:
“He aquí, él invita a todos los hombres, pues a todos ellos se extienden los brazos de misericordia, y él dice: Arrepentíos, y os recibiré.
“Sí, dice él: Venid a mí, y participaréis del fruto del árbol de la vida; sí, comeréis y beberéis libremente del pan y de las aguas de la vida;
“sí, venid a mí y haced obras de rectitud” (Alma 5:33–35).
Cada uno de nosotros debería leer y releer la parábola de la oveja perdida que se encuentra en el capítulo quince de Lucas, comenzando con el cuarto versículo:
“¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se le perdió, hasta que la halla?
“Y al encontrarla, la pone sobre sus hombros gozoso;
“y cuando llega a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido” [Lucas 15:4–6 ]…
El profeta José Smith alteró de manera considerable un versículo en la Traducción de José Smith. Dice: “¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve y va al desierto tras la que se le perdió, hasta que la halla?” (TJS, Lucas 15:4; cursiva agregada).
Esa traducción sugiere que el pastor deja a su rebaño seguro y va al desierto; es decir, va al mundo en busca de aquel que está perdido. ¿Perdido de qué? Perdido del rebaño donde hay protección y seguridad. Espero que el mensaje de esa parábola quede grabado en el corazón de cada uno de nosotros4.
2

El Señor espera que seamos Sus pastores y que recuperemos a los que estén teniendo dificultades o que estén perdidos

¿Qué debemos hacer para ayudar a los que se han descarriado en el desierto?
Por lo que el Maestro dijo acerca de dejar a las noventa y nueve e ir al desierto a buscar a la que está perdida, y por la invitación a “[regresar]” que la Primera Presidencia extendió a quienes han dejado de asistir [a la Iglesia] o se han convertido en críticos [de ella], los invitamos a ustedes a participar en la obra de salvar almas. Tiendan la mano a los menos activos y hagan realidad el gozo que sentirán ustedes y aquellos a quienes ayuden, si ustedes y ellos participan en extender invitaciones de regresar y deleitarse a la mesa del Señor.
El Señor, el Buen Pastor, espera que seamos Sus pastores y que recuperemos a los que estén teniendo dificultades o que estén perdidos. No podemos decirles cómo hacerlo, pero al empezar a participar y al buscar inspiración, el éxito vendrá como resultado de sus esfuerzos en sus áreas… estacas y barrios. Algunas estacas han respondido ante súplicas anteriores y han tenido un éxito notable.
La letra de un conocido himno contiene lo que el Salvador nos pide a nosotros:
¡Oye! La voz del Maestro
llama con tierno amor:
“¿No buscaréis mis ovejas,
las que padecen dolor?”
Y ese himno, que cantamos con frecuencia, indica lo que debe ser nuestra respuesta:
“Haznos obreros fervientes;
llénanos de Tu amor
por las ovejas perdidas
de Tu redil, buen Señor”.
(Himnos, 1996, Nº 139).
Si nos esforzamos [por buscar a las ovejas perdidas], recibiremos bendiciones eternas5.
La obra del Señor es ir en busca de los perdidos, los descarriados y los que se están extraviando… La súplica que Alma hizo en oración es un buen recordatorio del carácter sagrado de nuestra tarea:
“¡Oh Señor, concédenos lograr el éxito al [traer almas] nuevamente a ti en Cristo!
“¡He aquí, sus almas son preciosas, oh Señor…!” (Alma 31:34–35)6.

misioneros enseñándole a una familia
“¡Oh Señor, concédenos lograr el éxito al [traer almas] nuevamente a ti en Cristo! ¡He aquí, sus almas son preciosas, oh Señor…!”(Alma 31:34–35).
3

Nuestro gran objetivo es ayudar a las personas a regresar a la presencia de Dios

A lo largo de los años, la Iglesia ha hecho esfuerzos monumentales para recuperar a los que son menos activos… ¿Con qué fin? Para salvar las almas de nuestros hermanos y hermanas y asegurarnos de que tengan las ordenanzas de exaltación.
Cuando prestaba servicio como presidente de estaca en la zona de Los Ángeles, mis consejeros y yo pedimos a los obispos que seleccionaran cuidadosamente a cuatro o cinco parejas que desearan aumentar su progreso en la Iglesia. Algunos eran menos activos y otros nuevos conversos, pero estaban motivados a progresar espiritualmente. Los reunimos en una clase de estaca y les enseñamos el Evangelio. En vez de hacer hincapié en el templo, nos concentramos en una mejor relación con nuestro Padre Celestial y Su Hijo, Jesucristo. Nuestro proceso de selección cuidadosa aseguró el éxito, y la mayoría de esas parejas efectivamente se activaron y fueron al templo.
Permítanme contarles [otra] experiencia… Había un hermano en uno de los barrios que no asistía a las reuniones. Su esposa no era miembro y era un tanto hostil, por lo que no podíamos mandar maestros orientadores a su casa. El obispo se acercó a este hermano diciéndole que él tenía una relación con el Salvador que necesitaba cimentar y profundizar. El hermano le explicó al obispo el problema con su esposa que no era miembro, por lo que el obispo habló con ella, haciendo hincapié en lo mismo: una relación con el Señor que debía profundizarse. Aun así ella no fue receptiva, pero le alegró saber que los Santos de los Últimos Días creían en Cristo, y como consecuencia, ella bajó algunas de sus defensas.
El éxito no se obtuvo de inmediato, pero los que visitaron su hogar siguieron haciendo hincapié en la relación de la pareja con el Señor. Con el tiempo ella se hizo más amigable y finalmente accedió a asistir junto con su esposo a la clase de la estaca que enseñaban los integrantes del sumo consejo. Hicimos hincapié en el convenio que uno hace en el momento del bautismo, así como otros convenios. Con el tiempo ella llegó a ser miembro de la Iglesia y él un líder del sacerdocio productivo…
Me impresiona la declaración que figura en la portada del Libro de Mormón que describe uno de los propósitos de ese libro sagrado: “…que [los de la Casa de Israel en los últimos días] conozcan los convenios del Señor” (cursiva agregada). Ése fue el hincapié que como presidencia de estaca nos sentimos impresionados a hacer con los menos activos. Procuramos apelar a ellos basándonos en la importancia de los convenios que habían hecho con el Señor; luego les enseñamos la importancia del convenio del bautismo y de convenios adicionales que podían hacer que los unieran como familia eterna7.
Todo el propósito de que la Iglesia opere debidamente a nivel local es preparar a las personas para que estén calificadas para regresar a la presencia de Dios, y eso sólo se puede lograr al recibir las ordenanzas y al hacer convenios en el templo8.
Nuestros esfuerzos se centran en poner los convenios y las ordenanzas de salvación del Evangelio a disposición de todo el género humano: del no miembro por medio de la obra misional; del menos activo mediante los esfuerzos de hermanamiento y activación; de los miembros activos por medio de la participación y el servicio en la Iglesia; y de los que han pasado al otro lado del velo mediante la obra de redención de los muertos9.
Avanzamos hacia un objetivo para cada miembro de la Iglesia en particular, el cual es que todos reciban las ordenanzas del Evangelio y hagan convenios con nuestro Padre Celestial para que puedan regresar a Su presencia. Ése es nuestro gran objetivo. Las ordenanzas y los convenios son el medio de lograr esa naturaleza divina que nos regresará nuevamente a Su presencia…
Tengan en cuenta el propósito: Invitar a todos a venir a Cristo…
Testifico, mis hermanos y hermanas, de Su divinidad y poder para salvar a los que vayan a Él con corazón quebrantado y espíritu contrito. Mediante las ordenanzas y Su Santo Espíritu, cada persona puede llegar a ser limpia10.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Preguntas

  • El presidente Hunter insta a cada miembro de la Iglesia a leer y releer la parábola de la oveja perdida (véanse la sección 1; Lucas 15:4–7). ¿Qué mensajes recibe de esa parábola y de las otras enseñanzas de la primera sección? Considere la forma en que esas enseñanzas pueden guiarle en su servicio en la Iglesia.
  • ¿Cuál es nuestra responsabilidad como pastores del Señor? (véase la sección 2). ¿Cómo podemos ayudar a las personas a regresar a la actividad en la Iglesia? ¿En qué forma usted (o alguien a quien conozca) ha sido bendecido por una persona que le tendió la mano cuando estaba “teniendo dificultades o [estaba perdido]”?
  • ¿Qué aprendemos de las experiencias que el presidente Hunter relata en la sección 3? ¿De qué manera el hacer hincapié en los convenios puede ayudar a los miembros de la Iglesia a regresar a la actividad en la Iglesia?

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